domingo, 30 de agosto de 2026

RUBNIK, EL NECIO

Luciano Lara

 

Rupert Rubnik era un tipo desconfiado. Recuerdo que apenas empecé a trabajar para él me di cuenta de que sería muy difícil ganarme su confianza. Nunca supe con certeza cuáles eran las causas de su actitud, pero era evidente que había sido víctima de algún tipo de estafa: se rumoreaba que Rupert había formado a su mejor alumno para luego convertirlo en su asistente; que confiaba plenamente en él y que éste le había plagiado sus mejores textos. La decepción que sufrió el viejo filósofo fue tal, que jamás pudo volver a confiar en ningún otro colaborador; tanto que con el paso del tiempo, la publicación de sus trabajos (que también se rumoreaba, eran brillantes) se dilataba y se hacía cada vez más dificultosa.

Cuando yo lo conocí, Rupert Rubnik nunca había publicado, sin embargo, era uno de los filósofos más prestigiosos del momento; prestigio que solo se basaba en un conjunto de rumores. El día que me contrató no hablamos demasiado, solo se limitó a decirme que era un viejo desordenado y necesitaba ayuda.

Hubiese sido más sano dejar de lado a Rubnik y buscar un trabajo más estable y tranquilo; por aquellos años yo anhelaba “alcanzar el equilibrio” para mi vida. Pero la oferta de Rupert Rubnik era demasiado tentadora como para dejarla pasar; y si bien era esencial lograr la confianza del viejo para alcanzar el objetivo de publicar, parecía una empresa por demás difícil. Yo contaba con una vasta experiencia en letras y me creía experto en manejo de las “relaciones interpersonales”; confiaba plenamente en mis virtudes y sentí que sería capaz de hacerlo.

Fueron años duros; mucho trabajo, pero sobre todo, soportar los cambios repentinos en el estado de ánimo de Rupert y defenderme de sus constantes acusaciones; tuve que hacer tremendos esfuerzos en diferenciarme de otros colegas: todas las profesiones tienen vicios y generalidades; la mía no es ninguna excepción. Fue por ello que me pasaba la mayoría del tiempo intentando remarcarle a Rubnik, con hechos y palabras, que yo era diferente al resto, pero el viejo me miraba incrédulo; torcía la boca y negaba con la cabeza; a veces, ante mi insistencia y mis constantes comparaciones, montaba en cólera, me levantaba la voz y me ordenaba retirarme de su casa.

Durante el tiempo en el que trabajé para él, Rupert solo se limitaba a entregarme pequeños fragmentos de su trabajo y de manera desordenada para que no pudiera completar las ideas, pero yo estaba fascinado con el pensamiento de Rubnik; tanto que me las ingenié para compaginar una obra uniendo todos sus fragmentos. Al enterarse, preso de un ataque de ira, rompió las hojas y me insultó como nunca. De regreso, caminé por la ciudad oscura sin emitir ningún sonido, excepto por el golpeteo de cada uno de mis pasos; masticando la peor de las decisiones: se acercaba la hora de asumir el fracaso.

Al otro día volví para disculparme, pero me devolvió una mirada fría; tan fría como el mismísimo invierno. No tuve opción: me alejé para siempre; la única forma de convencer a Rubnik de que yo no iba a estafarlo, era dejar pasar el tiempo.

Volví a verlo en su lecho de muerte; el respeto y la admiración que sentía por él eran tales, que al enterarme de su enfermedad terminal y su soledad, decidí acercarme para acompañarlo. Habían pasado veinte años desde nuestro último encuentro y Rubnik no había podido publicar un solo escrito. Quizás ha llegado la hora, pensé; ya no tiene opción y puede que ahora sí me entregue el material para que por fin pueda ver la luz.

—Rupert —le dije con voz suave mientras le tomaba la mano. Él alzó la mirada, torció la boca y sacudió la cabeza. No llegué a emitir palabra…

—No te gastes —anunció y se aclaró la garganta—, ya quemé todo; no vas a poder robarme.


Luciano Lara es un músico que nació en Quilmes en mayo de 1975, que desde hace unos años decidió lanzarse a la literatura con una propuesta provocadora. El contacto con la literatura le llegó casi por casualidad; agobiado por el trabajo en una corporación multinacional y al borde del colapso, en enero de 2013 durante un viaje a la Patagonia, inspirado por la lectura de los libros Crítica del Oficinismo y Cinco cuentos cobardes, del filósofo H.G. Johannes (amigo y maestro de Luciano), escribió su primera ficción "Tránsito hacia la libertad", enseguida la segunda, "Absurdo" y durante los meses siguientes, las cinco historias que integran su primer libro, Apasionadas, editado por Sinergia en 2015 bajo el seudónimo Köller. Desde aquel inicio literario, en 2013, ha participado de varios proyectos. Uno de sus textos apareció en Grageas 3, otro en la antología mexicana Fútbol en breve, otros tres en Cien páginas de amor, uno en la antología mexicana Nocauts, otros tres en Minimalismos y uno en Extremos. Su primera novela, Resistencia, se encuentra en proceso de corrección.

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

CONFITEOR