Rafael Blanco Vázquez
Nombre:
Néstor.
Apellido:
Barba.
Edad:
37.
Nacionalidad:
española.
Descripción
física: cabello moreno y rizado, ojos pardos, nariz respingona, boca
grande con todos sus dientes, aún no le ha salido la muela del juicio. Ancho de
hombros, algo de panza, piernas y manos de mujer, gusta de llevar complementos:
pulseras, collares, anillos, pendientes. Ningún tatuaje. Está circuncidado y
tiene el culo huidizo. Espalda y brazos sin vello, al contrario que piernas y
torso, provistos en abundancia.
Familia:
padre y madre, dos hermanas casadas y con hijos.
Estado
civil: soltero.
Ocupación:
profesor de universidad, escritor, traductor.
Países
en los que ha vivido: España, Francia, Bélgica, Canadá, Perú, Japón.
Inclinación
sexual: le gustan las mujeres, a las que odia.
Filias:
cine (debilidad por el buen cine de género), literatura (predilección por la
narrativa breve), música (pasión por las canciones). El lenguaje le fascina, en
particular los juegos de palabras, los tacos y la frase “estoy en crisis”.
Fobias: las
mujeres independientes, las mujeres dependientes, las monógamas, las mujeres
con estudios, las obreras laboriosas, las mujeres cultas, las incultas, las
actrices, las maestras, las madres, las preñadas, las religiosas, las ateas,
las cuarentonas con hijos, las cuarentonas sin hijos, las camareras, las
enfermeras.
Más
fobias: los médicos.
Miedos:
la primera vez con una mujer: miedo a que no se le levante, a eyacular antes de
tiempo, a que todo vaya a las mil maravillas y la relación dure. Miedo a que le
quieran, a que no le quieran, a que se lo digan, a que no se lo digan. Pánico a
las responsabilidades: no quiere hijos y limita al máximo sus relaciones con la
burocracia. Ir a Correos a recoger un paquete puede ser fuente de mucho estrés.
Problemas
de salud: padece bruxismo, esto es, le rechinan los dientes al dormir.
Es así desde que era pequeño, pero puede que lo incremente el estrés de su vida
sentimental. Problemas de espalda y de rodilla ligados a la escritura y la
traducción.
Sueños
recurrentes: son tres:
1. Desde un ático apunta con
una escopeta a la calle. Ve a un tipo que fue su amigo y que un día, en su
juventud, lo apartó de su vida con algún pretexto espurio. Observa cómo ahora
pasea con su flamante esposa y su hijo recién nacido. Dispara a la cabeza del
hijo, y luego a la de la esposa. El ex amigo no le da ninguna lástima. Lo deja
ir.
2. Si algún otro amigo tampoco
ha resultado ser más que un supuesto amigo y, en lugar de reconocer su
fechoría, también se ha escudado en hediondos subterfugios, lo secuestra, lo
mete en el maletero del coche, conduce hasta un lugar desolado, saca al traidor,
le pone una pistola en la frente y le dice: “Ahora quiero que reconozcas tu
infamia. Quiero que me digas la verdad.” El traidor no reconoce nada, se limita
a llorar y a pedir misericordia. Lo mata sin pestañear. Luego viene lo peor, la
burocracia del crimen, digamos: deshacerse del cadáver, no dejar huella,
esperar que la policía no descubra nada. Pánico, estrés, angustia. El sueño se
acaba acá.
3. Se apresta a eyacular. Se
agarra el miembro. Se pone en cuclillas. Está delante de su cama. Eyacula en
línea recta, como si se tratase de un láser de esperma que cruza la cama por
debajo.
Novias conocidas: Amalia, Elena, Charline, Itziar, María,
Midori, Christelle, Valeria, Naoko, Zélie. Ha salido con dos Noras (una
italiana, otra holandesa), dos Nadias (una española, otra marroquí), dos
Marjolain (una belga, otra antillana) y dos Gabrielas (una francesa, otra
chilena). No ha salido con ninguna española llamada Susana o Montse o Mamen.
Algo más que reseñar: metódico, lleva diecinueve años
consignando en sendos documentos cada película que ve y cada libro que lee. Los
puntúa y a veces los comenta. No sabe qué pensar cuando comprueba que hay
películas que, según las épocas, han provocado en él reacciones muy diversas:
ha calificado de impresionante, de aburrida y de trivial Delitos y faltas, de
Woody Allen; El fuera de la ley, de
Clint Eastwood, le ha parecido horrible e increíble, sutil y enfática. ¿Acaso
lo contrario es menos turbador?: siempre llora cuando los pájaros atacan a los
niños en la película de Hitchcock. En otro orden de cosas, le encanta decir
“Hola, chochos” y no le gusta nada masturbarse. Detesta la provincia pero
tampoco le encuentra interés alguno a la gran ciudad. No podría vivir en el
campo. Tener un bonito reloj le resulta fundamental. Su mejor amigo, Lucas
Rodríguez, ha convertido la masturbación en todo un arte, y la primera vez con
una mujer sus miedos son: que no se le levante, tirarse horas y horas y no
eyacular, que todo vaya a las mil maravillas y la relación dure. El tal Lucas
ha salido con tres Susanas, cuatro Montses y dos Mamen (y con dos Penélopes
–una neoyorquina, otra argentina–, dos Jacquelines –una marsellesa, otra
irlandesa– y dos Zulemas –ambas sevillanas).
Observaciones: se sitúa en el extremo opuesto a Taxi Driver, que sostenía: “No creo que uno deba dedicar su vida a autoanalizarse morbosamente. Creo que uno debe convertirse en una persona como las demás.” Se parece a Taxi Driver: también tiende a imaginarse que la salvación pasa por una mujer, y entonces le inventa virtudes a la primera que encuentra.

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