lunes, 7 de septiembre de 2026

INCOMPATIBILIDAD

Ramprasath Rengasamy

 

—Antes creía que éramos la pareja perfecta, que disfrutábamos del tiempo que pasábamos juntos y que nos unía un vínculo profundo —dije, acostada en la cama junto a mi prometido, Karim—. Pero aquí estamos, después de casi tres años de relación, esforzándonos todavía por encajar el uno con el otro.

Karim negó con la cabeza y me miró con dureza, irritado por mi expresión de frustración.

—Me cuesta entregarme a esta relación, Karim. Siempre soy yo la que pide disculpas. Siempre termino reprimiendo mis sentimientos. No me siento segura cuando intento expresar lo que siento o plantear mis dudas, porque sé que no me escucharás. O, peor aún, que las criticarás o menospreciarás. Somos demasiado diferentes; la lista de nuestras discrepancias es interminable. Quiero arreglar esto, arreglarnos a nosotros.

Me costaba expresar con palabras lo que sentía.

Apreté los labios y los ojos se me llenaron de lágrimas. Me las sequé apresuradamente, pero siguieron brotando.

Karim pasó por encima de mí, se deslizó con agilidad hasta el borde de la cama y aterrizó sobre sus pies, imperturbable. Cruzó el dormitorio y se acercó a una máquina situada junto a la ventana. Era blanca y tenía un vago parecido con una fotocopiadora o un refrigerador.

Conectó el cable de alimentación al enchufe de la pared y la máquina cobró vida con un pitido.

—Es un generador de copias, Usha. Puede crear duplicados físicos de mí con pequeñas variaciones.

Solté una risita nerviosa.

—¿Esperas que alguna versión tuya procedente de otra realidad alcance el equilibrio perfecto conmigo? —pregunté con una sonrisa desdeñosa.

Karim asintió y su rostro se iluminó con una amplia sonrisa.

—En una realidad, yo te escucharé; en otra, tú me escucharás a mí. En una, yo mantendré el hogar; en otra, lo harás tú. En una podríamos mudarnos y, en otra, cambiar de trabajo. En cada realidad seríamos apenas diferentes. Podrías probar cómo es vivir con muchas versiones de mí.

»Cuando encuentres una copia que no sea de tu agrado, solo tendrás que crear otra realidad. Y podrás continuar hasta que demos con el equilibrio perfecto.

Karim hablaba con rapidez, atropellando las palabras, pero con una claridad sorprendente que se imponía sobre el torrente verbal.

—No, Karim. No lo haré —respondí con firmeza, sin apartar los ojos de él.

—¿Pero por qué? —gritó Karim, encogiéndose de hombros.

Frunció el ceño; su rostro reflejaba frustración y ansiedad. Siempre me había encantado su inocencia. Era demasiado fácil provocarlo.

Me pregunté si debía contarle la verdad. Comprendí que, si en ese momento seguía ocultando mis cartas, las cosas podían salirse de control.

Respiré hondo.

—No lo sabes, pero ya lo he intentado, Karim. La pareja que somos ahora no es más que una entre las muchas copias que he creado. Llevo más de dos años y medio produciendo duplicados con la esperanza de encontrar una combinación que funcione. El fracaso de miles de copias de nosotros me hace pensar que somos genéticamente incompatibles.

—Pero la cuestión es —proseguí— que, si nuestra composición genética cambiara durante el proceso de copiado, ya no seríamos quienes somos. Por lo tanto, debe permanecer inalterable. Y si nuestros genes no son perfectamente compatibles, crear múltiples copias carece de sentido.

Le confesé todo lo que había aprendido después de pasar dos años saliendo con distintas versiones suyas.

—No recuerdo haber dado mi consentimiento para esto —dijo Karim, alterado.

—Lo hiciste. ¿Recuerdas aquel viaje de aventura a Marte que hicimos mediante teleportación?

—¡Sí!

—Yo pagué todo el viaje, lo que me convirtió en la titular principal de la cuenta con la empresa de teleportación. Eso me dio derecho a copiarte a partir del respaldo realizado en cualquier momento posterior al inicio del viaje —expliqué.

—¡Dios mío! ¡Creí que cumplías con tu parte al pagar la mitad de los gastos! —Karim estaba horrorizado.

Aparté la mirada para evitar sus ojos y ocultar una sonrisa.

—¡Caramba, mujer! ¡Tienes una mentalidad científica! —exclamó Karim, maravillado—. ¡Pero has ido demasiado lejos!

Asintió sin dejar de mirarme.

Volví el rostro hacia él. Seguía observándome, con una expresión en la que se mezclaban la sorpresa y el estupor.

Para cambiar de tema, le leí una cita de Nikola Tesla:

—«Estar solo: ese es el secreto de la invención; estando solo es cuando nacen las ideas. Por eso tantos milagros terrenales han tenido su origen en ambientes humildes».

Y continué:

—Si el deseo de estar solo estuviera en sus genes, ninguna copia le habría permitido tener novia o amante, por mucho que cambiaran su visión del mundo, sus perspectivas, sus percepciones o sus opiniones.

—¡Dios! ¿No estamos hablando del complejo mayor de histocompatibilidad? —gritó Karim, incrédulo.

—¿Adónde creías que terminarían conduciendo todas esas pruebas genéticas prenatales que realizaban a las embarazadas?

Hice una pausa.

—Con el tiempo, Karim. Con el tiempo...

Karim permaneció inmóvil, mirándome con la boca abierta, sobrecogido como si yo fuera una ola gigantesca a punto de caer sobre él.

—Por lo que he podido averiguar a través de mis otras copias, contigo solo he conocido sufrimiento, frustraciones, decepciones y peleas. Tal vez hayas sido una pareja adecuada para mí en una o dos realidades. ¿Sabes lo humillante que resulta ver fracasar tu relación una y otra vez, incluso después de someterla a distintas circunstancias, posibilidades y decisiones? En cierto momento, la sensación de fracaso fue tan abrumadora que solo deseaba regresar a tu versión original.

Me esforzaba por explicarle hasta qué punto nuestra relación había sido un fracaso absoluto.

Durante más de dos años le había ocultado todo aquello para no perturbar su tranquilidad ni arruinar su felicidad. Ahora comprendía que, al hacerlo, solo le había impedido buscar a su pareja ideal.

—Hasta que la humanidad desarrolle un método concreto para predecir la compatibilidad genética, creo que deberíamos limitarnos a probar suerte unos con otros en nombre del amor.

Karim hizo una mueca.

—¡Qué decepción! —murmuró mientras exhalaba lentamente.

Alzó las manos y luego se las apoyó sobre la cabeza. Sus ojos se movían de un lado a otro. Imaginé que se esforzaba por encontrarle sentido a todo lo que acababa de contarle.

—¿Por eso no hay en internet reseñas auténticas de usuarios de estas máquinas copiadoras? —preguntó finalmente, sumido en sus pensamientos.

—Las experiencias humillantes se ocultan, Karim.

—Quizá nadie haya probado esta solución, Usha.

—¡Claro que la gente la prueba! —Tuve que contener la risa.

—Estoy segura de que lo hace, porque es muy, muy difícil permanecer en una relación que no funciona si no existe alguna razón poderosa que nos convenza de continuar.

Karim cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos, tenía el aspecto de alguien que acababa de alcanzar la iluminación.

—¿No hay ninguna salida? No puedo imaginar a nadie más en tu lugar, Usha —dijo con gesto abatido.

Me incliné hacia él y lo abracé.

—Entonces, ¿habrá muchas copias de nosotros enamorándose una y otra vez? —Karim rio y aplaudió—. Me encantaría aprovechar cada oportunidad para amarte, Usha.

Me estrechó con ternura y yo me derretí al instante entre sus brazos.

Si encuentro al amor de mi vida, ¿qué importa ganar o perder?

Ramprasath Rengasamy es consultor informático de profesión y escritor de ciencia ficción por pasión. Vive y trabaja como consultor de software en Atlanta, Georgia, EE. UU., con una visa H1B desde 2014. Originario de la India, ha escrito 15 libros en tamil e inglés. Es un autor bilingüe conocido por sus obras de ciencia ficción y ficción matemática. Además, es miembro de la SFWA (Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía) y ha sido galardonado con el Premio del Gobierno del Estado de Tamil Nadu. Sus obras han aparecido en Protocolized, AntipodeanSF, Aphelion, Metastellar, Alternate Reality, Allegory, L. Ron Hubbard Writers of the Future, Boston Literary Magazine, Readomania, Literary Yard y muchas otras publicaciones. Ha recibido menciones honoríficas en L. Ron Hubbard y Allegory. Su obra «Mismatch» figura actualmente en la lista de lecturas recomendadas de los Premios Nebula.

 

 

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