Jasmina Blažić
Llevo dos años
terrestres con Josh a bordo de nuestro Devorador. En este momento, el Devorador
se encuentra en el perigeo, lo que significa que nuestro servicio en el
recolector de basura espacial está llegando a su fin. El Devorador ha absorbido
todos los restos inservibles que se encontraban al alcance de su trayectoria y
los ha almacenado en dos torres. Nuestra última orden activará la energía
residual acumulada en los desechos recogidos, liberará el transbordador y
enviará al Devorador hacia las profundidades del espacio, al encuentro de su
propia destrucción. Del recolector y de sus dos torres repletas de cadáveres
mecánicos solo quedará entonces una nebulosa atómica.
A nuestros ojos, apenas parecerá un
tenue espectáculo de fuegos artificiales para celebrar el regreso a casa.
Sin duda extrañaremos esta
tranquilidad del Devorador. Allá abajo se libran batallas y guerras, pero aquí
no hay acusaciones por los estragos causados por la caída de algún fragmento de
un artefacto abandonado o de residuos procedentes de cualquier clase de órbita.
La basura orbital se ha acumulado durante siglos. Y los viejos cacharros
atrapados en el limbo de las leyes gravitatorias no eligen hacia qué lado caer.
Informamos al Control Terrestre que
estamos listos para abandonar el Devorador. Está casi lleno y ya no queda nada
más en nuestra trayectoria.
—Tengo un último paquetito para
ustedes; se dirige hacia ahí desde una órbita inferior. C0307NN —nos
responden—. Carguen eso y suban al transbordador.
Los mensajes llegan con retraso,
pero lo comprobamos de inmediato: C0307 es un satélite de comunicaciones. Por
sus características, ocupará el espacio restante de la torre justo hasta
alcanzar la masa crítica de la carga embarcada. Cualquier cantidad superior
provocaría una avería catastrófica en el Devorador.
—¿Qué significa esta N? —pregunta
Josh—. No aparece en los datos.
Busco en la información
complementaria.
—Nuevo modelo. La segunda N
significa inservible. No tardaron mucho en descartarlo.
Josh introduce las órdenes. Mucho
tiempo atrás habría sido campeón de Tetris. C0307 es la coronación del
aprovechamiento de un Devorador.
En cuanto carguemos el objeto, nos
marcharemos. El Devorador también se irá. Hacia el otro lado, muy lejos, y se
convertirá en una nebulosa atómica que algún día será aprovechada por una
tecnología más avanzada.
Lo vemos en la pantalla. Es un
modelo de satélite completamente nuevo. Algún error debe de haberlo expulsado
de la órbita geoestacionaria.
—¿Todo bien? —pregunta Josh.
Asiento.
—Confirmo la recepción y bloqueo el
Devorador.
Nos dirigimos hacia el
transbordador. El Devorador absorberá la máquina y nos expulsará a nosotros.
Todos los parámetros han sido configurados y confirmados, gramo por gramo y
segundo por segundo. Ya no es posible realizar modificaciones.
Un sonido estridente irrumpe desde
la cabina de mando. Miro el dispositivo de aviso que llevo en la muñeca.
—¿Estás oyendo esto? —Josh me mira
y sus ojos pierden el enfoque. Repasa mentalmente qué puede haber salido mal.
—Sobrecarga de masa —dice la
pantalla—. Se ha detectado materia viva en C0307.
—Maldita sea —dice Josh—. Malditos
mensajes que llegan tarde. Malditos idiotas que no informan de todo desde el
principio. O lo hicieron deliberadamente o no sabían nada.
Seguramente el Control también
disponía de datos exactos sobre nuestra carga. Por alguna razón nos ocultaron
esa información. Si lo hubiéramos sabido, habríamos rechazado la recepción y
que ellos se las arreglaran.
Las órdenes ya están bloqueadas.
Sabemos lo que eso significa: se nos ha acabado el tiempo, tanto a nosotros
como al Devorador.
No podemos abandonar la nave antes
de que el Devorador se trague el último bocado. Y si ese bocado es demasiado
grande para él… Todo se acabará.
Ahora ya da lo mismo. Las malas
intenciones no siempre tienen que terminar mal. Y los errores ocurren, aunque
en el Devorador solo pueden ocurrir tres veces: la primera, la última y nunca
más.
Los fuegos artificiales arrasaron
la Tierra y trastornaron el sistema solar. El caos resultante cambiará sus
leyes y provocará nuevas destrucciones en el sistema.
—¿Dónde estoy? —oigo decir a Josh.
No lo veo. No veo nada. Ni a mí mismo ni nada a mi alrededor.
—Estoy aquí… en alguna parte
—respondo—. ¿Me oyes?
—Sí.
—¡Vaya, muchachos! —interviene una
tercera voz. A juzgar por su dicción lenta y teatral, no parece preocupada—.
¿Ustedes también están aquí?
—¿Aquí dónde? —pregunta Josh.
—En todas partes —responde la voz—.
Ni siquiera sé si estoy hablando ni qué clase de comunicación es esta. Siempre
me pregunté qué queda después de que nos desintegran en átomos.
—¿Y qué queda?
—Partículas de Dios. No una, sino
tres, por lo visto. Si es que los números todavía significan algo.
—¿Y tú quién demonios eres?
—pregunto.
—El que estaba dentro de C0307.
—La materia viva que hizo que todo
se fuera al demonio —dice Josh con furia. Si es que una partícula de Dios puede
enfurecerse.
—¿Cómo llegaste hasta allí?
—Secuestré el satélite. Tenía la
intención de interrumpir algunas comunicaciones, pero enseguida me declararon
terrorista y anunciaron que quería provocar una explosión y un impacto allá
abajo, cerca de la superficie. Fijaron mi trayectoria hacia su Devorador; era
lo único que podían hacer.
—¿Y tú quién eres?
—El capitán Hieronimus.
—De cualquier modo, estabas
participando en una operación estratégica. ¿De qué bando eres?
—Ahora ya no pertenece a ninguno
—interviene Josh—. Eso ha dejado de importar. Allá abajo ya no existe nada.
Solo una nebulosa atómica inútil, a diferencia de nosotros.
—¿Y qué haremos ahora?
—¡Empezar de nuevo! —exclama Hieronimus—. Hay injusticias en todas partes. ¡Tantas cosas están, mmm… en nuestras manos! ¡Viva la revolución!

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