lunes, 7 de septiembre de 2026

GLOTÓN

Jasmina Blažić

 

Llevo dos años terrestres con Josh a bordo de nuestro Devorador. En este momento, el Devorador se encuentra en el perigeo, lo que significa que nuestro servicio en el recolector de basura espacial está llegando a su fin. El Devorador ha absorbido todos los restos inservibles que se encontraban al alcance de su trayectoria y los ha almacenado en dos torres. Nuestra última orden activará la energía residual acumulada en los desechos recogidos, liberará el transbordador y enviará al Devorador hacia las profundidades del espacio, al encuentro de su propia destrucción. Del recolector y de sus dos torres repletas de cadáveres mecánicos solo quedará entonces una nebulosa atómica.

A nuestros ojos, apenas parecerá un tenue espectáculo de fuegos artificiales para celebrar el regreso a casa.

Sin duda extrañaremos esta tranquilidad del Devorador. Allá abajo se libran batallas y guerras, pero aquí no hay acusaciones por los estragos causados por la caída de algún fragmento de un artefacto abandonado o de residuos procedentes de cualquier clase de órbita. La basura orbital se ha acumulado durante siglos. Y los viejos cacharros atrapados en el limbo de las leyes gravitatorias no eligen hacia qué lado caer.

Informamos al Control Terrestre que estamos listos para abandonar el Devorador. Está casi lleno y ya no queda nada más en nuestra trayectoria.

—Tengo un último paquetito para ustedes; se dirige hacia ahí desde una órbita inferior. C0307NN —nos responden—. Carguen eso y suban al transbordador.

Los mensajes llegan con retraso, pero lo comprobamos de inmediato: C0307 es un satélite de comunicaciones. Por sus características, ocupará el espacio restante de la torre justo hasta alcanzar la masa crítica de la carga embarcada. Cualquier cantidad superior provocaría una avería catastrófica en el Devorador.

—¿Qué significa esta N? —pregunta Josh—. No aparece en los datos.

Busco en la información complementaria.

—Nuevo modelo. La segunda N significa inservible. No tardaron mucho en descartarlo.

Josh introduce las órdenes. Mucho tiempo atrás habría sido campeón de Tetris. C0307 es la coronación del aprovechamiento de un Devorador.

En cuanto carguemos el objeto, nos marcharemos. El Devorador también se irá. Hacia el otro lado, muy lejos, y se convertirá en una nebulosa atómica que algún día será aprovechada por una tecnología más avanzada.

Lo vemos en la pantalla. Es un modelo de satélite completamente nuevo. Algún error debe de haberlo expulsado de la órbita geoestacionaria.

—¿Todo bien? —pregunta Josh.

Asiento.

—Confirmo la recepción y bloqueo el Devorador.

Nos dirigimos hacia el transbordador. El Devorador absorberá la máquina y nos expulsará a nosotros. Todos los parámetros han sido configurados y confirmados, gramo por gramo y segundo por segundo. Ya no es posible realizar modificaciones.

Un sonido estridente irrumpe desde la cabina de mando. Miro el dispositivo de aviso que llevo en la muñeca.

—¿Estás oyendo esto? —Josh me mira y sus ojos pierden el enfoque. Repasa mentalmente qué puede haber salido mal.

—Sobrecarga de masa —dice la pantalla—. Se ha detectado materia viva en C0307.

—Maldita sea —dice Josh—. Malditos mensajes que llegan tarde. Malditos idiotas que no informan de todo desde el principio. O lo hicieron deliberadamente o no sabían nada.

Seguramente el Control también disponía de datos exactos sobre nuestra carga. Por alguna razón nos ocultaron esa información. Si lo hubiéramos sabido, habríamos rechazado la recepción y que ellos se las arreglaran.

Las órdenes ya están bloqueadas. Sabemos lo que eso significa: se nos ha acabado el tiempo, tanto a nosotros como al Devorador.

No podemos abandonar la nave antes de que el Devorador se trague el último bocado. Y si ese bocado es demasiado grande para él… Todo se acabará.

Ahora ya da lo mismo. Las malas intenciones no siempre tienen que terminar mal. Y los errores ocurren, aunque en el Devorador solo pueden ocurrir tres veces: la primera, la última y nunca más.

Los fuegos artificiales arrasaron la Tierra y trastornaron el sistema solar. El caos resultante cambiará sus leyes y provocará nuevas destrucciones en el sistema.

—¿Dónde estoy? —oigo decir a Josh. No lo veo. No veo nada. Ni a mí mismo ni nada a mi alrededor.

—Estoy aquí… en alguna parte —respondo—. ¿Me oyes?

—Sí.

—¡Vaya, muchachos! —interviene una tercera voz. A juzgar por su dicción lenta y teatral, no parece preocupada—. ¿Ustedes también están aquí?

—¿Aquí dónde? —pregunta Josh.

—En todas partes —responde la voz—. Ni siquiera sé si estoy hablando ni qué clase de comunicación es esta. Siempre me pregunté qué queda después de que nos desintegran en átomos.

—¿Y qué queda?

—Partículas de Dios. No una, sino tres, por lo visto. Si es que los números todavía significan algo.

—¿Y tú quién demonios eres? —pregunto.

—El que estaba dentro de C0307.

—La materia viva que hizo que todo se fuera al demonio —dice Josh con furia. Si es que una partícula de Dios puede enfurecerse.

—¿Cómo llegaste hasta allí?

—Secuestré el satélite. Tenía la intención de interrumpir algunas comunicaciones, pero enseguida me declararon terrorista y anunciaron que quería provocar una explosión y un impacto allá abajo, cerca de la superficie. Fijaron mi trayectoria hacia su Devorador; era lo único que podían hacer.

—¿Y tú quién eres?

—El capitán Hieronimus.

—De cualquier modo, estabas participando en una operación estratégica. ¿De qué bando eres?

—Ahora ya no pertenece a ninguno —interviene Josh—. Eso ha dejado de importar. Allá abajo ya no existe nada. Solo una nebulosa atómica inútil, a diferencia de nosotros.

—¿Y qué haremos ahora?

—¡Empezar de nuevo! —exclama Hieronimus—. Hay injusticias en todas partes. ¡Tantas cosas están, mmm… en nuestras manos! ¡Viva la revolución!

Jasmina Blažić nació en Zagreb, Croacia, en 1954. Actualmente está jubilada y vive en Zagreb con sus dos hijos. Se graduó en Ingeniería Civil por la Universidad de Zagreb y trabajó como ingeniera de diseño estructural y arquitectónico, además de experta en ingeniería civil, principalmente en estructuras de soporte para servicios de control de tráfico aéreo. Ahora pinta y escribe, sobre todo ficción especulativa y realista. Ha publicado numerosos relatos en antologías y revistas, y ha recibido varios premios por algunos de ellos. Anteriormente publicó una novela titulada «La maldición de Elizabeth», una historia de misterio. El año pasado publicó una novela romántica, «El árbol en el balcón». También se publicó el año pasado una colección de relatos titulada «Lovecraft contra Poe», que contiene catorce historias sobre personajes históricos en momentos posibles pero desconocidos de sus vidas, escritas como ficción especulativa.


 

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