viernes, 31 de julio de 2026

21

Gianluca Vici Torrigiani

—¿Puede oírme?

—Sí.

—Bien. ¿Cómo se siente?

Hubo un instante de silencio. Su mirada permanecía perdida en un punto indefinido frente a él.

—No sabría decirlo. Creo que todo funciona. En fin, supongo que así es como debería sentirme.

—Bien. ¿Podría decirme cuál es el primer recuerdo que tiene? Le ha llevado casi cuatro días tomar conciencia de sí mismo, si es que esa expresión puede aplicarse a alguien como usted.

—Luces confusas. Y colores. Luego, unas voces. Pero al principio no conseguía entender lo que decían.

—Interesante. Dígame, ¿sabe quién es? ¿Conoce su nombre?

Vaciló unos instantes más.

—Me parece... ¡Sí! Me parece que me llamo Sujeto 21.

—Sí, en cierto sentido ese es su nombre. O, mejor dicho, es el nombre de las matrices de personalidad que le han sido implantadas. Han tardado un poco más de lo previsto en activarse, pero eso ya no importa. Ahora está aquí y, si se siente con ánimo, querríamos hacerle algunas preguntas y someterlo a unas pruebas. Siempre que esté de acuerdo.

—Sí, ningún problema.

—Muy bien.

Tomó una cartulina con una mancha de tinta.

—¿Qué ve?

—Mmm... Parece... Mmm... ¿Una mariposa? O, al menos, un par de alas.

Gil y Kane, los dos investigadores que se encontraban detrás de la consola de control, intercambiaron una mirada de asombro.

—Interesante —continuó el profesor Ethan—. ¿Y ahora qué ve?

Le mostró otra lámina con una mancha distinta.

—Dos rostros de perfil.

—Bien. Continuemos. ¿Y ahora?

—Un ángel.

—¿Cómo?

Por un instante, el profesor Ethan perdió su compostura académica, mientras Gil y Kane volvían a cruzar una mirada entre sorprendida y desconcertada.

—Disculpe —prosiguió el profesor, recuperando la serenidad—. ¿Qué ha dicho que ve?

—Un ángel.

—¿Sabe usted qué es un ángel?

—Supongo que sí. O, mejor dicho, creo saberlo. También ellos son hijos de Dios.

—¿Dios? —exclamó Gil desde la consola.

—¡Silencio! —lo cortó secamente el profesor.

—Interesante. Dígame, ¿qué o quién es Dios?

—Supongo que es el creador de todas las cosas.

—¿Y qué habría creado exactamente?

—Imagino que todo. A nosotros, por ejemplo. A usted y a mí.

—¿Así que cree que fue Dios quien lo creó? Y si yo le dijera que usted es una creación nuestra, ¿eso me convertiría en Dios?

—No, no lo creo.

—¿Y por qué no?

El Sujeto 21 permaneció en silencio.

Gil y Kane estaban visiblemente alterados, mientras el profesor aguardaba sin apartar la vista del ser sujeto al sillón frente a él.

—Creo —respondió al fin el Sujeto 21— que los complejos procesos naturales que condujeron a nuestra evolución están más allá del alcance de los individuos.

—Entonces, ¿es consciente de que es el producto de un proceso, digamos, natural? Aunque haya sido reproducido en un laboratorio.

—Por supuesto.

—Disculpe, si sabe eso, ¿en qué sentido Dios sería entonces el creador?

De nuevo guardó silencio, como si determinadas preguntas lo obligaran a elaborar los conceptos adquiridos antes de responder.

—No lo sé. Imagino que es una cuestión de fe.

—¡¿QUÉ?! —estalló Gil, atónito.

—¡Les he dicho que se callen o los echo de aquí!

—Perdón, profesor.

—¡Y tú cállate de una vez! —susurró Kane.

—¿Cómo puede saber qué es la fe? —preguntó Gil en voz baja.

—No lo sé. No lo entiendo. Pero ahora guarda silencio.

—La fe... —prosiguió el profesor—. ¿Qué sabe acerca de la fe?

—Es la capacidad de las mentes conscientes para creer en conceptos que trascienden la comprensión obtenida mediante la observación directa de los procesos naturales.

—Claro... —murmuró el profesor Ethan, serio y pensativo.

Permaneció unos segundos reflexionando antes de hacer la siguiente pregunta.

—Y puesto que usted tiene fe, ¿se ha preguntado alguna vez por qué está aquí?

—Sí.

—¿Y?

—No lo sé. Imagino que existe un propósito. O, al menos, eso creo.

—Interesante...

 

Un par de horas más tarde, Kane contemplaba la ciudad a través de los ventanales del ascensor exterior. Su mente estaba llena de preguntas. Confusa, como nunca antes lo había estado.

El silbido de las puertas al cerrarse se interrumpió de pronto.

Era Gil, que había conseguido entrar justo antes de que se cerraran.

—Gil.

—Aquí estoy. Se fue.

—¿También este?

—Sí. Un desastre repugnante. La estructura molecular volvió a colapsar. Había fluidos y material gelatinoso por todas partes. El profesor estaba especialmente contrariado. Aunque, la verdad, es la primera vez que lo veo... ¿cómo decirlo?... desconcertado.

—Me pregunto si esto es correcto.

—¿Lo dices por una cuestión ética?

—¿No deberíamos hacerlo? Lo has visto. Era un ser consciente. Poco importa que la matriz de personalidad fuera artificial. Pensaba. Era consciente de sí mismo. ¿Y viste lo de las manchas de tinta? Dios, Gil... ¡Manifestó fe en Dios! ¿Cómo es posible? ¿Cómo pudo concebir un concepto abstracto como Dios?

—Sí. Solo eran manchas de tinta, y mira todo lo que fue capaz de proyectar sobre ellas.

—No son como nos habían contado. Todos creen que eran criaturas despiadadas y frías, calculadoras, dedicadas únicamente a la guerra y la destrucción. Y, sin embargo... Sin embargo...

Kane guardó silencio.

—Tal vez tengas razón. Quizá hemos ido demasiado lejos. Lo cierto es que ahora tenemos más dudas que antes.

Permanecieron unos segundos en silencio mientras el ascensor descendía lentamente.

—Escucha, hagamos una cosa. Acompáñame al South Mart. Quiero actualizar el firmware.

—¿La versión 387.46b?

—No. Ya vamos por la 387.48. He leído que incorpora funciones muy interesantes.

—De acuerdo, te acompaño con gusto. De paso aprovecharé para iniciar un ciclo de mantenimiento ordinario.

—¿Por qué?

—Con la llegada del invierno empiezo a notar unos ligeros chirridos en las articulaciones de los pistones de las piernas y del brazo derecho.

—Sí... Todos envejecemos.

—Sí...

Permanecieron un instante contemplando la ciudad que se extendía bajo ellos.

—Aunque... qué idea tan extraña la de querer recrear a un ser humano.

Gianluca Vici Torrigiani nació en Roma, Italia, el 19 de abril de 1979. Escritor, guionista y divulgador, desarrolla una obra centrada principalmente en la ciencia ficción, el weird y la exploración de mundos posibles. Es autor de la novela de ciencia ficción Las sombras de Titán y creador del personaje de Nibani, protagonista del relato homónimo que obtuvo el XXVI Trofeo RiLL en 2020. Publicado inicialmente en la antología Oggetti smarriti y posteriormente reeditado en Oltre il reale (Delos Digital), Nibani está siendo adaptado actualmente a una miniserie de historietas por la editorial Garage11. Ha colaborado con numerosas editoriales y publicaciones especializadas, entre ellas Menhir Edizioni, Tabula Fati, Bertoni Editore, Delos Digital, Acheron Books y Comicus.it, donde también ejerce como redactor y crítico. Como guionista ha escrito diversas series y adaptaciones para el mundo del cómic, entre ellas Darwin Awards, Colui che sta nell’ombra, La lettera U, La leggenda dei sette cadaveri y La storia del Golem di Benevento. También participa en proyectos de divulgación científica y cultural. Es creador y conductor, junto con Toni Viceconti, de la sección Fanta History, realizada en colaboración con la Asociación Cultural de Estudios sobre Egipto y Sudán (ACSES), y conduce el programa radial La tisana spaziale con Sam Vega en Radio RedOnAir. Apasionado por la ciencia ficción y la literatura fantástica, concibe la escritura como una forma de explorar los territorios aún desconocidos de la imaginación humana.

 

 

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