Eliana Machado
En la barra del bar, un tipo con cara de
necesitar compañía se sienta frente a otro.
—Te voy a contar una historia, che. Era
viernes, hora de salida de oficina. Todos con esa risa floja de los que se
sienten libres por dos días. Todos menos nuestro hombre. El tipo salía del
laburo, cerca del Obelisco, pero tenía más cara de lunes a las ocho que de
viernes a las seis. Igual, a nadie le importaba. Ya sabés cómo es: nadie se
fija en el que camina mirando el piso cuando el resto levanta la cabeza y se
manda al fin de semana como si fuera día de fiesta nacional.
Le tocaba irse en subte, cosa rara en él. El
auto se lo había llevado la grúa —los del tránsito, bah— porque esa mañana,
apurado por no llegar tarde, no vio el cartel de “prohibido estacionar” frente
al museo, justo en la calle donde lo dejaba siempre. Para su desgracia —o su
suerte, andá a saber—, lo habían puesto de forma excepcional, por orden del
Gobierno de la Ciudad, porque esa noche había fiesta en los jardines del museo:
carpas blancas, luces cálidas, vino gratis para los funcionarios y toda la
morfi sin límite, ya sabés… como siempre, pagada con nuestra guita.
Pensó que ahí terminaba la mala racha. Sí, lo
pensó, entre tanta cagada. Ya ves. Prefirió caminar hasta Callao para
despejarse. Ahí iba, maletín en mano, entre el barullo de la gente que
festejaba el finde. Cuando cruza la avenida, se larga la lluvia. Se cubre con
el maletín, apura el paso… y zas: tropieza y se va de jeta contra la vereda. Se
levanta como puede, con un diente menos y la boca hecha un desastre. La camisa
blanca se le tiñe de rojo; parece un vampiro recién alimentado, pero sin
glamour, sin castillo, sin nada. Y uno piensa: ¡Qué mala leche, loco! Se sacude
el agua de los hombros, respira hondo y aprieta el maletín contra el pecho,
como si apretarlo fuerte le fuera a arreglar todo este quilombo.
No tiene cara de querer ayuda y nadie parece
dispuesto a ofrecérsela. Se limpia como puede, se tapa la boca con una mano y
entra al primer bar que encuentra —el Celta Bar, justo ahí nomás. Pide un
whisky, no para brindar, sino para apagar el dolor. El del cuerpo… y el otro.
Lo baja de un saque. Como quien quiere que le queme algo por dentro, para
ocuparse apagando el fuego y no darle bola a lo que le carcome la cabeza.
El otro escucha en silencio. No interrumpe. No
asiente. Apenas parece respirar. Algo en la historia le resulta familiar, pero
el silencio entre ambos no deja lugar a preguntas.
El que habla termina su trago, pide la cuenta,
se levanta despacio. Y justo antes de irse, levanta la vista para despedirse
del otro, que acaba de escucharlo.
—¿Pero por qué el tipo ese tenía mala cara?
—pregunta el oyente.
—Porque lo habían echado esa misma tarde. Fired,
hermano. Y yo que había pensado que lo del auto era lo peor del día.
Sonríe. Le falta un diente. Del lado derecho.
El otro también sonríe. El mismo hueco oscuro. La misma mancha roja en la
camisa. El mismo maletín.
El hombre se queda mirando el vaso vacío, como
si en el fondo quedara algo más.
—Y encima sin indemnización… —murmura.
Del otro lado del espejo, su boca todavía
estaba cerrada.
Eliana Machado es escritora, poeta, traductora
literaria y editora brasileña, radicada en Francia desde 1994. Escribe y
publica en portugués, francés y español. Doctora en Estudios Hispánicos y
Latinoamericanos por la Universidad de Niza-Sophia Antipolis, se formó también
en Letras Portuguesas y Españolas y en Lengua, Literatura y Cultura Rusas en la
Universidad de São Paulo. Es autora de libros de poesía, narrativa, ciencia
ficción y literatura infantil, entre ellos République des Eaux / República
das Águas, Locus brasilis, Blanco en el blanco, Brasil:
aventura interior, Los Elegidos y Arthur au Royaume Tarentulesque.
Sus cuentos y poemas han aparecido en revistas y antologías de distintos
países. Como traductora literaria, ha trabajado con obras de Luiz Alfredo
Garcia-Roza, Patrícia Melo y José Antonio Mazzotti. Es fundadora de
Éditions des Trois Rivages y miembro de la Société des Gens de Lettres
de Francia. Su obra ha recibido diversos reconocimientos
literarios en Francia y en el exterior.

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