sábado, 8 de agosto de 2026

SISSI Y SU GATO

Luo Qianxuan


Sissi estaba sentada ante su escritorio cuando, por fin, no pudo contenerse más y rompió a llorar. Las lágrimas cayeron sobre su cuaderno de ejercicios mientras su pequeño cuerpo temblaba. Era el tercer día desde que su querido gato, Qiu Qiu, había desaparecido.

Acarició el respaldo de la silla que Qiu Qiu solía arañar, como si las tenues marcas de sus garras aún permanecieran allí.

—¡Qiu Qiu, pequeño travieso! ¡Otra vez arañando la silla de tu hermana! —solía decirle cada vez que ocurría.

Pero ahora la habitación estaba en silencio. Ya no podía ver a Qiu Qiu entrar con aire orgulloso, ni oír el toc, toc, toc de sus patas sobre el suelo, ni sus maullidos de saludo, ni verlo ponerse a arañar la silla cuando ella no estaba mirando...

Sissi sollozó desconsoladamente.

—El gato que he criado durante tantos años ha desaparecido. Mi Qiu Qiu, ¿dónde estás? Vuelve pronto... Tu hermana no puede vivir sin ti...

Delante de Qiu Qiu se llamaba a sí misma «hermana», y el gato era un miembro más de la familia. Cuatro años atrás, aquel pequeño la había seguido al salir de la tienda de mascotas e incluso la había perseguido hasta la academia donde trabajaba su madre. Su madre dijo que era cosa del destino, así que decidieron quedarse con él.

Así fue como el gato pasó a formar parte de la familia. Su padre solía bromear:

—¡En esta casa mi lugar está incluso por debajo del de Qiu Qiu!

Gracias a Qiu Qiu, aprendió a amar, a quererlo del mismo modo que sus padres la querían a ella. También gracias a él escribió la serie Si el gatito Qiu Qiu pudiera hablar, cuyos relatos obtuvieron medallas de oro.

Pero, tres noches atrás, aquella pequeña «celebridad» salió corriendo por la puerta. Ella creyó que, como siempre, volvería después de jugar un rato, pero cuando dio la una de la madrugada seguía sin aparecer...

Pasaron tres días y seguía sin haber noticias.

La comida para gatos que dejaban junto a la puerta desaparecía, y ella deseaba con todas sus fuerzas que hubiera sido Qiu Qiu quien hubiera regresado en silencio para comer. En aquel momento habría dado cualquier cosa por sentirlo saltar sobre ella y cubrirla con esos pelos que antes tanto le molestaban.

—¡Miau, miau, miau!

De repente oyó maullidos junto a la puerta.

Al volverse, vio un pequeño gato negro. Había entrado desde el jardín e incluso había subido las escaleras para buscarla. La observaba con sus ojos fijos, como si le estuviera diciendo:

—Hermana, ven conmigo. ¡Te ayudaré a encontrar a Qiu Qiu!

Sissi bajó corriendo las escaleras y siguió al gato negro fuera de la casa y del jardín. El pequeño se detuvo sobre el césped de enfrente y volvió la cabeza hacia ella, como si quisiera darle una pista.

En ese instante sintió más cariño que nunca por aquellos pequeños gatos callejeros. Antes ya los saludaba con dulzura; ahora le parecían iguales que su querido Qiu Qiu. Pensó que eran criaturas muy dignas de compasión y necesitadas de afecto. Si ellos querían, ella estaría encantada de darles de comer todos los días... de permitirles vivir en su hogar cálido.

—Qiu Qiu, vuelve pronto a casa. Mamá y tu hermana nunca te regañarán. Mientras regreses, te querremos todavía más. ¡Vuelve sano y salvo! —llamó con toda sinceridad desde la puerta.

Aquella noche tuvo un sueño maravilloso.

—Pequeño, por favor, llévame a encontrar a mi Qiu Qiu, ¿sí? —le pidió con dulzura al gato negro.

—Entonces sígueme —respondió orgullosamente el pequeño gato.

La condujo a través del césped que había frente a su casa hasta una vivienda vacía, todavía sin terminar. Allí vio muchos gatos y, acurrucado en un rincón, estaba Qiu Qiu, al que había echado de menos día y noche.

—¡Qiu Qiu! ¡Mi Qiu Qiu! ¡Por fin te encontré!

—Hermana, anoche te oí llorar muy fuerte...

—Mi Qiu Qiu... ¿por qué no volviste a casa...? —sollozó.

—Hermana, solo quería conocer un poco más la vida de los gatos. Volveré a casa...

Ella lo tomó en brazos y corrió hacia su hogar tan deprisa como pudo...

Pero solo había sido un sueño.

Saltó de la cama.

—Mamá, ¿Qiu Qiu ha vuelto?

—Todavía no, cariño, pero no te preocupes. El vínculo que tenemos con Qiu Qiu es muy profundo; seguro que volverá. Confía en Qiu Qiu y confía en mamá. Yo también sigo esperando que regrese corriendo y me llame «mamá».

Era cierto. Igual que Sissi, Qiu Qiu se pasaba todos los días pegado a «mamá», maullándole con cariño. La llamaba «mamá» con tanta claridad, incluso cambiando el tono y la entonación, que derretía el corazón de su madre. Ella era el pilar de la familia, su refugio, la persona que siempre la hacía sentirse segura y en paz.

—Miau, miau, miau...

Los maullidos volvieron a oírse desde el otro lado de la puerta.

—¿Qiu Qiu? ¿Qiu Qiu...? ¿Eres tú... Qiu Qiu?

Luo Qianxuan (nacida en 2014) es una joven poeta, escritora y pintora china que pertenece a la decimonovena generación de transmisores de la Cultura Dongba, declarada Patrimonio de la Memoria Mundial por la UNESCO. poemas y narraciones han sido publicados oficialmente y han recibido reconocimientos nacionales e internacionales.


Traducción del chino al inglés: Lan Xin

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