Boris Glikman
Parte I
—¡Toma esto, Boris! Que te sea de
gran utilidad —ordena la voz retumbante. Una mano, que sostiene un brillante
instrumento de escritura, se extiende hacia mí. —Tenía apenas trece años cuando
la Mano de lo Alto me otorgó la Pluma de la Abundancia—. ¡Tú serás mi voz!
Hablaré a través de ti con esta pluma. Serás un conducto hacia esa Otra
Realidad –aquella habitada por Verdades Eternas, Preguntas Inefables, Belleza
Infinita– y, a través de ti, a la humanidad se le permitirá vislumbrar este
Reino Alternativo. De esta pluma brotará sin esfuerzo un flujo inagotable de
Magia. Cada letra, cada palabra, cada oración que salga de ella será un pozo
sin fondo de significado, un milagro de exquisitez que refulgirá con una luz
celestial tan cegadora que rivalizará con la radiancia del mismísimo Sol, si no
es que la superará. No podrás evitar engendrar obras incomparables e inmortales
de una perfección sin límites, cada una más grande e inmaculada que la
anterior. Solo serás capaz de producir creaciones sublimes, inexpresables e
únicas; nada más saldrá de esta pluma.
»Cuando escribas, la magia
chispeará alrededor de cada una de tus palabras, pues toda la energía del
Cosmos se concentrará en ellas. Las palabras se ofrecerán para acatar todos tus
mandatos, suplicando satisfacer tus deseos, ordenándose en patrones celestiales
jamás vistos, contorsionándose en formas imposibles y prohibidas, de modo que
la gente mirará con asombro tus escritos y se preguntará: "¿Cómo se le
habrá ocurrido eso?". Palabras relucientes desfilarán a tu alrededor,
compitiendo por llamar tu atención con exhibiciones de su atractivo; algunas
incluso se despojarán de sus vestimentas raídas, desgastadas por milenios de
uso excesivo, y se presentarán ante ti en toda su natural y radiante gloria,
revelando sus secretos más íntimos, sus significados más profundos, solo para
ser inmortalizadas en tus creaciones. Cuando escribas, el Universo y la Vida se
postrarán ante ti, desviviéndose solo para complacerte. Será como si hubieras
encontrado la forma de moldear las inmutables leyes de la física y el destino,
de modo que, en lugar de ser controlado y limitado por ellas, serás tú quien
las empuñe.
»Hay un precio que pagar. A cambio,
renunciarás a la vida normal. Serás incapaz de sonreír, reír, amar o buscar
ocupaciones humanas ordinarias. Solo podrás escribir; la escritura será tu
única existencia. La pluma te atormentará, inundándote con un diluvio incesante
de palabras e ideas que reclamarán cada instante de tu vida y amenazarán tu
propia cordura. Sin embargo, evitar el uso de la pluma será una tortura igual
de agonizante, pues te verás abrumado por la miseria, la culpa y la inquietud
en cada momento que pases lejos de ella. Por lo tanto, no podrás vivir sin la
pluma, no importa cuánto te agote emocional, mental, espiritual y físicamente.
»Esta pluma será la llama que
iluminará los estratos más profundos de los Universos Interior y Exterior,
revelando misterios aún incomprensibles para la humanidad, exponiendo verdades
y panoramas jamás percibidos por la mente humana. Tus escritos capturarán y
retratarán cada permutación, manifestación y aspecto de la vida; aportarán
claridad e iluminación a la humanidad; revelarán la estructura interna de la
existencia; ayudarán a las personas a conectar con su ser interior y a
encontrar su identidad... y, sin embargo, tú permanecerás para siempre perdido,
confundido, en conflicto con el mundo; aislado de la humanidad, incapaz de
conectarte con otros salvo de una manera fugaz e insignificante; solo capaz de
experimentar la realidad a cierta distancia; un marginado sin esperanza, un
inadaptado, un paria, un engendro, un tipo raro y extravagante flotando a la
deriva e indefenso a través de la existencia, una medusa en el océano de la
vida.
»No solo serás incapaz de encajar
en el mundo exterior, sino que tampoco estarás nunca en paz contigo mismo ni
con tu mundo interior. Existirás en un estado de permanente autoenajenación,
incapaz de relacionarte con tus propios pensamientos, emociones, deseos,
necesidades, frustraciones y acciones, o de comprenderlos; para siempre desajustado
y sin rima contigo mismo; incapaz de identificarte y tomar contacto con tu ser
más íntimo, con tu propia esencia. Estarás desconectado de tu propia
existencia, contemplándola eternamente desarrollarse a la distancia. Serás
incapaz de sentir directamente tus propios sentimientos y solo los
experimentarás como un observador externo. Siempre habrá un muro impenetrable
entre tus emociones y tú; estarás distante e insensible a tu propia felicidad,
tristeza, dolor, ira, necesidades y deseos...
»De esta pluma brotarán fluidos
vivificantes que darán vida a una infinidad de realidades de una maravilla
única; sin embargo, tú serás una mera metáfora, una cáscara vacía de una
sombra, incapaz de sentirte real, concreto o auténtico. Los mundos que engendres
estarán impregnados de sensación y significado, mientras que tu realidad
exterior será descolorida, trivial y absurda en comparación.
»Esta pluma hablará con mil voces,
provocando risas histéricas, lágrimas incontrolables, retorciendo mentes hasta
convertirlas en cintas de Möbius, creando una belleza trascendental y
abrumadora que detendrá a la gente de golpe, estupefacta de asombro, aunque
solo haya tenido un contacto fugaz con ella; una belleza tal que anulará y
volverá redundante a cualquier otra belleza previa o posterior; una belleza tan
pura y absoluta que jamás podría haber sido creada por un ser finito; una
belleza tan antinatural e ilimitada que no debería ser posible su existencia en
este imperfecto reino físico, llevando así a la humanidad a creer que cayó por
accidente de la Esfera Celestial. No obstante, serás ciego y sordo al poder
único de tus creaciones, sin ver jamás su magia ni comprender la forma en que
conmueven a los demás. No sentirás orgullo ni placer en tu trabajo, pues sabrás
que solo eres un conducto, una mera herramienta, un apéndice de la pluma, cuya
única razón de ser es moverla sobre el papel y permitirle expresarse.
»Esta pluma será el batiscafo en el
que descenderás a los abismos más profundos aún no alcanzados por el hombre, y
será el piolet con el que ascenderás a las cumbres más altas aún no escaladas
por la humanidad. El mundo se reirá de ti, te condenará al ostracismo, te
despreciará, te malinterpretará y te perseguirá por destruir sus ilusiones más
preciadas y por hacerle enfrentar verdades duras, amargas y crudas, hasta ahora
desconocidas, negadas o reprimidas. El mundo te acogerá, te adorará, te
venerará y te alabará por ser un genio de la más alta jerarquía y por aportarle
tanta alegría, belleza y sabiduría a través de tus prodigiosas creaciones. Pero
tú permanecerás insensible, congelado por dentro, impasible ante el amor o el
aborrecimiento.
»Te moverás únicamente dentro del
reino de lo Infinito, lo Eterno, lo Universal. No sabrás cómo ser joven, pero
tampoco envejecerás y te mantendrás como un hombre-niño, pues, al no participar
en el mundo externo, estarás libre de sus efectos nocivos y contaminantes.
»Aunque esta es una Pluma de
Cornucopia Creativa, un día se agotará y no escribirá más. Por consiguiente,
escribir será la tarea más difícil y aterradora de tu existencia, pues vivirás
en una inseguridad perpetua, sin saber cómo funciona la pluma ni cuándo dejará
de operar.
»Si aceptas esta pluma, jamás
podrás renegar de ella; nunca podrás librarte de ella.
La voz cesó.
Esperé un momento a que reanudara
el habla, pero permaneció en silencio. Entonces, con un afán infantil y
temerario, extendí mi mano hacia arriba para alcanzar la mano que descendía
desde lo alto, sin importarme en absoluto las consecuencias de dejar que las
compuertas se abrieran y me engullera una creatividad ilimitada e inagotable;
desatento a aquello en lo que me estaba metiendo o a lo que podría estar
sacrificando.
Parte II
El Escritor está sentado en su
habitación, creando en su escritorio. Tiene acceso a las verdades, secretos y
misterios más profundos del Universo, pero la pregunta a la que todo el mundo,
desde los organismos más pequeños y simples hacia arriba, parece saber la
respuesta, él no la puede resolver: "¿Por qué vivir?".
El Escritor se ve desgarrado por
dos pensamientos contradictorios que ocupan su mente de forma simultánea y
parecen igualmente válidos. Está seguro de ser ciego a una verdad fundamental
que el resto del mundo posee, pues ¿de qué otra manera se explica que el mundo
entero elija la vida sobre la muerte y tenga un propósito para su existencia,
algo de lo que él es incapaz? Sin embargo, también está convencido de que es él
quien posee una verdad fundamental a la que el resto del mundo está ciego, pues
si estuvieran al tanto de esta verdad, no podrían vivir vidas con propósito y
certeza.
El Escritor se enfrenta a una doble
tarea que se ha impuesto a sí mismo y que espera que la pluma le ayude a
cumplir: desentrañar el enigma de su existencia y capturar toda la realidad en
una sola palabra.
El Escritor está triplemente
encarcelado por su pluma, su habitación y su mente, encadenado al escritorio
por sus deberes. De vez en cuando, mientras compone las historias más
fantásticas y crea las realidades más insólitas, lo invaden la curiosidad y la
añoranza, y echa una mirada breve y melancólica a través de la ventana hacia el
mundo exterior; un mundo que bulle y palpita de vida en todas sus múltiples
manifestaciones. Es una vida ordinaria, pero real, de la que nunca podrá formar
parte y cuyos placeres sencillos jamás podrá disfrutar ni comprender en su
significado. En otras ocasiones, alcanza a ver un fragmento del cielo visible
desde su posición sentada. Pero de inmediato se siente culpable por descuidar
su sagrada tarea y le da temor que la pluma deje de funcionar si no le presta
toda su atención y todo su tiempo. Así pues, reanuda apresuradamente sus
garabatos, letra tras letra, palabra tras palabra, oración tras oración, en sus
cuadernos de la locura.
Ningún sonido externo penetra jamás
en la morada del Escritor. Reina el silencio absoluto, salvo por el estribillo
«Boris, vas a llevar esa pluma, vas a llevar ese dolor por mucho tiempo» que
resuena alrededor, ya sea en su habitación o en su mente (no está del todo
seguro de dónde).
Sin importar cuánta grandeza
engendre el Escritor a través de sus creaciones, se queda vacío e insatisfecho,
pues su único deseo es superar sus logros anteriores y alcanzar una cumbre más
alta de perfección. Sin embargo, no importa cuánto lo intente, no puede ser más
grande que sí mismo, pues ¿cómo se sobrepasa uno a sí mismo?, ¿cómo se supera
un obstáculo en el camino hacia la cima si resulta que ese obstáculo es uno
mismo?
De vez en cuando, el Escritor se
siente sobrecogido e intimidado por el instrumento que sostiene en la mano y se
asusta de sí mismo. Al fin y al cabo, ¿quién es él para empuñar semejantes
poderes? ¿Qué derecho tiene a producir obras de tal belleza, impecabilidad y
maravilla?
A veces, la determinación del
Escritor vacila por un momento y se ve embargado por dudas fundamentales sobre
lo que está haciendo. ¿Fue la bendición más grande o la maldición más grande de
su vida el haber recibido la pluma? ¿Estaba siempre destinado a ser agraciado
con la Pluma de la Abundancia o fue simplemente por azar del destino que la
recibió él? ¿Hubo otros a quienes la Mano de lo Alto también les entregó la
pluma, o fue él el único? ¿Se la ofreció a otros, pero nadie más la aceptó? Si
fue el único en recibir la pluma, ¿por qué la Voz de lo Alto lo eligió a él,
por encima de todos los demás, para dársela? ¿Era el candidato más adecuado?
¿Realmente merecía ser elegido para esta monumental tarea y está a la altura de
ella? ¿Y si su mano no está transcribiendo las palabras de manera adecuada,
correcta? ¿Y si la magia, la perfección, el poder de las revelaciones de lo
Alto se pierden en el momento en que las transmuta en los bultos torpes,
inmanejables y toscos de las palabras sobre el papel? ¿Y si, para no enfrentar
la insustancialidad y el vacío de su propia existencia, solo se está
preocupando por garabatos mediocres que nunca llegarán a nada, a pesar de lo
que la Voz de lo Alto le prometió?
Por momentos, incluso duda de haber
recibido en absoluto la Pluma de la Abundancia. ¿Y si ha estado engañándose a
sí mismo todo este tiempo sobre poseer un vínculo directo con la Otra Realidad?
En un giro de cruel ironía, el
Escritor sufre del «diluvio del escritor», que lo deja tan impotente y
despojado de poder como si estuviera aquejado por el bloqueo del escritor. Es
incapaz de seguirle el ritmo mental al torrente de la pluma, pues las palabras
y las ideas brotan incesantemente, y no hay tiempo para distinguir si lo que
crea son diamantes invaluables y únicos o simplemente paja sin valor. A pesar
del diluvio, no puede evitar preguntarse, de vez en cuando, en qué se
convertirá su vida cuando la pluma se agote. Sin embargo, al encontrar
semejante escenario demasiado incómodo de contemplar, desecha el pensamiento
rápidamente.
El Escritor está en conflicto por
la inmensa disparidad entre su ser físico finito y su ser interior ilimitado.
Su forma exterior limitada jamás podrá aproximarse a corresponder con la
infinidad en su interior. Siente su pequeñez e insignificancia con mayor
agudeza aún, pues es muy consciente del contraste entre su limitada existencia
humana y el Universo con el que tiene un conducto. En consecuencia, le resulta
imposible reconciliar estos dos aspectos de su ser y existe en un perpetuo
estado de conflicto interno, incapaz de ponerse de acuerdo consigo mismo y con
su vida.
Ocasionalmente, el Escritor
considera de forma vaga poner fin a su soledad e intentar reincorporarse a la
raza humana, pero se desanima rápidamente, ya que dado que ni siquiera puede
tener una relación normal y estable consigo mismo, qué esperanza hay de que
pueda tener relaciones normales y estables con los demás.
A veces, la pluma de la abundancia
se transforma en la pena de la abundancia y el Escritor cae en un abismo sin
fondo de desesperación, pensando para sí: «Después de que la Mano de lo Alto me
regalara la pluma, nunca volví a ver la Mano. Dado que me eligió para ser su
voz y dado que me confirió un instrumento milagroso, ¿no debería haber estado
allí para mí siempre? De seguro debería cuidar de mí de forma muy especial para
garantizar que nada malo le ocurra al creador de tan sublime e inmortal
belleza. ¿Por qué la Mano de lo Alto me ha desamparado, junto con la pluma?
Estoy completamente solo con esta terrible carga sobre mis hombros. ¿Cómo se
supone que deba lidiar con la insoportable responsabilidad de que se me hayan
confiado estas revelaciones de verdades profundas a las que todos los demás
están ciegos?».
Sin embargo, acepta todo ese
angustioso dolor como un don divino, pues sabe que solo a través del
sufrimiento puro y sin diluir, sin manchar siquiera por una gota de esperanza,
se puede revelar la estructura interna y subyacente de la realidad, y hacerse
evidentes los tendones de la existencia.
El Escritor está tan absorto en su
trabajo que no nota que la vida le pasa de largo... y luego la muerte también
le pasa de largo.
No tiene tiempo para la vida ni
tiene tiempo para la muerte. Ni la vida ni la muerte pudieron despertar su
interés ni ponerle las manos encima, y así como él se ha olvidado por completo
de la vida y de la muerte, la vida y la muerte se han olvidado por completo de
él. De todos modos, el Escritor no puede morir ni vivir, pues la pluma sigue
funcionando, sigue expulsando verdades eternas, preguntas inefables, belleza
infinita, y por lo tanto debe seguir escribiendo, pues su compromiso con la
pluma es mayor que sus compromisos con la vida y la muerte.
Transcurren años, décadas, siglos,
milenios, miles de millones de años. El Sol se expande hasta convertirse en una
gigante roja y luego colapsa en una enana blanca. Las estrellas son desgarradas
por las fuerzas de la expansión del Universo y los propios protones se pudren
en pedazos. El Cosmos empieza a apagarse, habiéndose disipado toda su energía y
transformado en formas inútiles. Entonces, el tejido del espacio-tiempo se
disuelve.
Aun así, el Escritor continúa
escribiendo en su escritorio, que ahora flota en el vacío, separado del tiempo
y del espacio. El Universo podrá haber cambiado y destruido a sí mismo, pero la
Palabra aún existe inmutable. Y así, el Escritor sigue buscando esa única
Palabra que sintetice y abarque toda la realidad dentro de su forma,
significado y letras, así como dentro de su sonido, pues está seguro de que
debe ser una palabra onomatopéyica. De vez en cuando, echa una mirada furtiva
al mundo exterior, aunque allí ya no quede más que pura nada.
Con el tiempo, el Escritor olvida
de qué es aquello cuyo significado está buscando. En su lugar, su búsqueda se
enfoca en buscar el significado en y por sí mismo, un significado que ya no es
el significado de algo, sino que es un significado puro e independiente de
cualquier referente o contexto.
Pasa un lapso indefinible de
tiempo, o tal vez un instante...
Habiendo resuelto las preguntas más
profundas de la Vida y del Universo, el Escritor alcanza la serenidad, la
satisfacción y la plenitud que siempre le habían sido esquivas. Sin embargo,
una pregunta persistente, formulada por su propia existencia, sigue sin
resolverse, sigue sujetando su mente con la fuerza de una tenaza. Él sigue
siendo un enigma para sí mismo: el dilema de «¿Quién es él? ¿Por qué es él?»
yace completamente prístino, como una cumbre intacta e inconquistable que no
pudo ser escalada ni un solo tramo.
Y entonces algo lleva al Escritor a
mirar de cerca, por primera vez, la pluma que le fue dada. La examina
detenidamente y nota las letras azules descoloridas que forman las palabras MADE
IN CHINA a un costado. Recuerdos lejanos vuelven a él en torrente:
recuerdos de su madre comprando plumas en el supermercado local para el
comienzo del año escolar; recuerdos de las paredes desnudas de su baño que
distorsionaban su acústica, y de cómo le gustaba hablar consigo mismo allí y
escuchar la voz delgada de un niño transformarse en la voz estentórea y de
mando de un hombre. Recuerda estar de pie en el baño y escuchar mil millones de
voces coreando su nombre, para luego darse la vuelta y ver a toda la humanidad
en el espejo mirándolo, mientras su mano izquierda le pasaba la pluma a su mano
derecha.
El Escritor comprende ahora que Él
es el Creador. Habiendo abarcado ya el Universo con su mente, el Escritor se
expande para abarcar el Universo con su cuerpo, de modo que el Universo y el
Escritor se convierten en uno y el mismo: entidades idénticas que coinciden de
manera precisa la una con la otra.
Con silenciosa satisfacción, el
Escritor deposita lentamente la pluma y así es como el Universo (y esta
historia) termina... no con una explosión ni con un gimoteo, sino con un .[1]
Nota del
traductor:
[1] En el texto original en inglés australiano, el autor hace un juego de palabras final con la marca de puntuación «full stop» (que significa tanto «punto final» como «detención total»). Se mantiene la puntuación exacta elegida por el autor para preservar el remate visual.

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