viernes, 14 de agosto de 2026

LA LAPICERA DE LA ABUNDANCIA (o Retrato del artista como el universo entero)

Boris Glikman

 

Parte I

—¡Toma esto, Boris! Que te sea de gran utilidad —ordena la voz retumbante. Una mano, que sostiene un brillante instrumento de escritura, se extiende hacia mí. —Tenía apenas trece años cuando la Mano de lo Alto me otorgó la Pluma de la Abundancia—. ¡Tú serás mi voz! Hablaré a través de ti con esta pluma. Serás un conducto hacia esa Otra Realidad –aquella habitada por Verdades Eternas, Preguntas Inefables, Belleza Infinita– y, a través de ti, a la humanidad se le permitirá vislumbrar este Reino Alternativo. De esta pluma brotará sin esfuerzo un flujo inagotable de Magia. Cada letra, cada palabra, cada oración que salga de ella será un pozo sin fondo de significado, un milagro de exquisitez que refulgirá con una luz celestial tan cegadora que rivalizará con la radiancia del mismísimo Sol, si no es que la superará. No podrás evitar engendrar obras incomparables e inmortales de una perfección sin límites, cada una más grande e inmaculada que la anterior. Solo serás capaz de producir creaciones sublimes, inexpresables e únicas; nada más saldrá de esta pluma.

»Cuando escribas, la magia chispeará alrededor de cada una de tus palabras, pues toda la energía del Cosmos se concentrará en ellas. Las palabras se ofrecerán para acatar todos tus mandatos, suplicando satisfacer tus deseos, ordenándose en patrones celestiales jamás vistos, contorsionándose en formas imposibles y prohibidas, de modo que la gente mirará con asombro tus escritos y se preguntará: "¿Cómo se le habrá ocurrido eso?". Palabras relucientes desfilarán a tu alrededor, compitiendo por llamar tu atención con exhibiciones de su atractivo; algunas incluso se despojarán de sus vestimentas raídas, desgastadas por milenios de uso excesivo, y se presentarán ante ti en toda su natural y radiante gloria, revelando sus secretos más íntimos, sus significados más profundos, solo para ser inmortalizadas en tus creaciones. Cuando escribas, el Universo y la Vida se postrarán ante ti, desviviéndose solo para complacerte. Será como si hubieras encontrado la forma de moldear las inmutables leyes de la física y el destino, de modo que, en lugar de ser controlado y limitado por ellas, serás tú quien las empuñe.

»Hay un precio que pagar. A cambio, renunciarás a la vida normal. Serás incapaz de sonreír, reír, amar o buscar ocupaciones humanas ordinarias. Solo podrás escribir; la escritura será tu única existencia. La pluma te atormentará, inundándote con un diluvio incesante de palabras e ideas que reclamarán cada instante de tu vida y amenazarán tu propia cordura. Sin embargo, evitar el uso de la pluma será una tortura igual de agonizante, pues te verás abrumado por la miseria, la culpa y la inquietud en cada momento que pases lejos de ella. Por lo tanto, no podrás vivir sin la pluma, no importa cuánto te agote emocional, mental, espiritual y físicamente.

»Esta pluma será la llama que iluminará los estratos más profundos de los Universos Interior y Exterior, revelando misterios aún incomprensibles para la humanidad, exponiendo verdades y panoramas jamás percibidos por la mente humana. Tus escritos capturarán y retratarán cada permutación, manifestación y aspecto de la vida; aportarán claridad e iluminación a la humanidad; revelarán la estructura interna de la existencia; ayudarán a las personas a conectar con su ser interior y a encontrar su identidad... y, sin embargo, tú permanecerás para siempre perdido, confundido, en conflicto con el mundo; aislado de la humanidad, incapaz de conectarte con otros salvo de una manera fugaz e insignificante; solo capaz de experimentar la realidad a cierta distancia; un marginado sin esperanza, un inadaptado, un paria, un engendro, un tipo raro y extravagante flotando a la deriva e indefenso a través de la existencia, una medusa en el océano de la vida.

»No solo serás incapaz de encajar en el mundo exterior, sino que tampoco estarás nunca en paz contigo mismo ni con tu mundo interior. Existirás en un estado de permanente autoenajenación, incapaz de relacionarte con tus propios pensamientos, emociones, deseos, necesidades, frustraciones y acciones, o de comprenderlos; para siempre desajustado y sin rima contigo mismo; incapaz de identificarte y tomar contacto con tu ser más íntimo, con tu propia esencia. Estarás desconectado de tu propia existencia, contemplándola eternamente desarrollarse a la distancia. Serás incapaz de sentir directamente tus propios sentimientos y solo los experimentarás como un observador externo. Siempre habrá un muro impenetrable entre tus emociones y tú; estarás distante e insensible a tu propia felicidad, tristeza, dolor, ira, necesidades y deseos...

»De esta pluma brotarán fluidos vivificantes que darán vida a una infinidad de realidades de una maravilla única; sin embargo, tú serás una mera metáfora, una cáscara vacía de una sombra, incapaz de sentirte real, concreto o auténtico. Los mundos que engendres estarán impregnados de sensación y significado, mientras que tu realidad exterior será descolorida, trivial y absurda en comparación.

»Esta pluma hablará con mil voces, provocando risas histéricas, lágrimas incontrolables, retorciendo mentes hasta convertirlas en cintas de Möbius, creando una belleza trascendental y abrumadora que detendrá a la gente de golpe, estupefacta de asombro, aunque solo haya tenido un contacto fugaz con ella; una belleza tal que anulará y volverá redundante a cualquier otra belleza previa o posterior; una belleza tan pura y absoluta que jamás podría haber sido creada por un ser finito; una belleza tan antinatural e ilimitada que no debería ser posible su existencia en este imperfecto reino físico, llevando así a la humanidad a creer que cayó por accidente de la Esfera Celestial. No obstante, serás ciego y sordo al poder único de tus creaciones, sin ver jamás su magia ni comprender la forma en que conmueven a los demás. No sentirás orgullo ni placer en tu trabajo, pues sabrás que solo eres un conducto, una mera herramienta, un apéndice de la pluma, cuya única razón de ser es moverla sobre el papel y permitirle expresarse.

»Esta pluma será el batiscafo en el que descenderás a los abismos más profundos aún no alcanzados por el hombre, y será el piolet con el que ascenderás a las cumbres más altas aún no escaladas por la humanidad. El mundo se reirá de ti, te condenará al ostracismo, te despreciará, te malinterpretará y te perseguirá por destruir sus ilusiones más preciadas y por hacerle enfrentar verdades duras, amargas y crudas, hasta ahora desconocidas, negadas o reprimidas. El mundo te acogerá, te adorará, te venerará y te alabará por ser un genio de la más alta jerarquía y por aportarle tanta alegría, belleza y sabiduría a través de tus prodigiosas creaciones. Pero tú permanecerás insensible, congelado por dentro, impasible ante el amor o el aborrecimiento.

»Te moverás únicamente dentro del reino de lo Infinito, lo Eterno, lo Universal. No sabrás cómo ser joven, pero tampoco envejecerás y te mantendrás como un hombre-niño, pues, al no participar en el mundo externo, estarás libre de sus efectos nocivos y contaminantes.

»Aunque esta es una Pluma de Cornucopia Creativa, un día se agotará y no escribirá más. Por consiguiente, escribir será la tarea más difícil y aterradora de tu existencia, pues vivirás en una inseguridad perpetua, sin saber cómo funciona la pluma ni cuándo dejará de operar.

»Si aceptas esta pluma, jamás podrás renegar de ella; nunca podrás librarte de ella.

La voz cesó.

Esperé un momento a que reanudara el habla, pero permaneció en silencio. Entonces, con un afán infantil y temerario, extendí mi mano hacia arriba para alcanzar la mano que descendía desde lo alto, sin importarme en absoluto las consecuencias de dejar que las compuertas se abrieran y me engullera una creatividad ilimitada e inagotable; desatento a aquello en lo que me estaba metiendo o a lo que podría estar sacrificando.

 

Parte II

El Escritor está sentado en su habitación, creando en su escritorio. Tiene acceso a las verdades, secretos y misterios más profundos del Universo, pero la pregunta a la que todo el mundo, desde los organismos más pequeños y simples hacia arriba, parece saber la respuesta, él no la puede resolver: "¿Por qué vivir?".

El Escritor se ve desgarrado por dos pensamientos contradictorios que ocupan su mente de forma simultánea y parecen igualmente válidos. Está seguro de ser ciego a una verdad fundamental que el resto del mundo posee, pues ¿de qué otra manera se explica que el mundo entero elija la vida sobre la muerte y tenga un propósito para su existencia, algo de lo que él es incapaz? Sin embargo, también está convencido de que es él quien posee una verdad fundamental a la que el resto del mundo está ciego, pues si estuvieran al tanto de esta verdad, no podrían vivir vidas con propósito y certeza.

El Escritor se enfrenta a una doble tarea que se ha impuesto a sí mismo y que espera que la pluma le ayude a cumplir: desentrañar el enigma de su existencia y capturar toda la realidad en una sola palabra.

El Escritor está triplemente encarcelado por su pluma, su habitación y su mente, encadenado al escritorio por sus deberes. De vez en cuando, mientras compone las historias más fantásticas y crea las realidades más insólitas, lo invaden la curiosidad y la añoranza, y echa una mirada breve y melancólica a través de la ventana hacia el mundo exterior; un mundo que bulle y palpita de vida en todas sus múltiples manifestaciones. Es una vida ordinaria, pero real, de la que nunca podrá formar parte y cuyos placeres sencillos jamás podrá disfrutar ni comprender en su significado. En otras ocasiones, alcanza a ver un fragmento del cielo visible desde su posición sentada. Pero de inmediato se siente culpable por descuidar su sagrada tarea y le da temor que la pluma deje de funcionar si no le presta toda su atención y todo su tiempo. Así pues, reanuda apresuradamente sus garabatos, letra tras letra, palabra tras palabra, oración tras oración, en sus cuadernos de la locura.

Ningún sonido externo penetra jamás en la morada del Escritor. Reina el silencio absoluto, salvo por el estribillo «Boris, vas a llevar esa pluma, vas a llevar ese dolor por mucho tiempo» que resuena alrededor, ya sea en su habitación o en su mente (no está del todo seguro de dónde).

Sin importar cuánta grandeza engendre el Escritor a través de sus creaciones, se queda vacío e insatisfecho, pues su único deseo es superar sus logros anteriores y alcanzar una cumbre más alta de perfección. Sin embargo, no importa cuánto lo intente, no puede ser más grande que sí mismo, pues ¿cómo se sobrepasa uno a sí mismo?, ¿cómo se supera un obstáculo en el camino hacia la cima si resulta que ese obstáculo es uno mismo?

De vez en cuando, el Escritor se siente sobrecogido e intimidado por el instrumento que sostiene en la mano y se asusta de sí mismo. Al fin y al cabo, ¿quién es él para empuñar semejantes poderes? ¿Qué derecho tiene a producir obras de tal belleza, impecabilidad y maravilla?

A veces, la determinación del Escritor vacila por un momento y se ve embargado por dudas fundamentales sobre lo que está haciendo. ¿Fue la bendición más grande o la maldición más grande de su vida el haber recibido la pluma? ¿Estaba siempre destinado a ser agraciado con la Pluma de la Abundancia o fue simplemente por azar del destino que la recibió él? ¿Hubo otros a quienes la Mano de lo Alto también les entregó la pluma, o fue él el único? ¿Se la ofreció a otros, pero nadie más la aceptó? Si fue el único en recibir la pluma, ¿por qué la Voz de lo Alto lo eligió a él, por encima de todos los demás, para dársela? ¿Era el candidato más adecuado? ¿Realmente merecía ser elegido para esta monumental tarea y está a la altura de ella? ¿Y si su mano no está transcribiendo las palabras de manera adecuada, correcta? ¿Y si la magia, la perfección, el poder de las revelaciones de lo Alto se pierden en el momento en que las transmuta en los bultos torpes, inmanejables y toscos de las palabras sobre el papel? ¿Y si, para no enfrentar la insustancialidad y el vacío de su propia existencia, solo se está preocupando por garabatos mediocres que nunca llegarán a nada, a pesar de lo que la Voz de lo Alto le prometió?

Por momentos, incluso duda de haber recibido en absoluto la Pluma de la Abundancia. ¿Y si ha estado engañándose a sí mismo todo este tiempo sobre poseer un vínculo directo con la Otra Realidad?

En un giro de cruel ironía, el Escritor sufre del «diluvio del escritor», que lo deja tan impotente y despojado de poder como si estuviera aquejado por el bloqueo del escritor. Es incapaz de seguirle el ritmo mental al torrente de la pluma, pues las palabras y las ideas brotan incesantemente, y no hay tiempo para distinguir si lo que crea son diamantes invaluables y únicos o simplemente paja sin valor. A pesar del diluvio, no puede evitar preguntarse, de vez en cuando, en qué se convertirá su vida cuando la pluma se agote. Sin embargo, al encontrar semejante escenario demasiado incómodo de contemplar, desecha el pensamiento rápidamente.

El Escritor está en conflicto por la inmensa disparidad entre su ser físico finito y su ser interior ilimitado. Su forma exterior limitada jamás podrá aproximarse a corresponder con la infinidad en su interior. Siente su pequeñez e insignificancia con mayor agudeza aún, pues es muy consciente del contraste entre su limitada existencia humana y el Universo con el que tiene un conducto. En consecuencia, le resulta imposible reconciliar estos dos aspectos de su ser y existe en un perpetuo estado de conflicto interno, incapaz de ponerse de acuerdo consigo mismo y con su vida.

Ocasionalmente, el Escritor considera de forma vaga poner fin a su soledad e intentar reincorporarse a la raza humana, pero se desanima rápidamente, ya que dado que ni siquiera puede tener una relación normal y estable consigo mismo, qué esperanza hay de que pueda tener relaciones normales y estables con los demás.

A veces, la pluma de la abundancia se transforma en la pena de la abundancia y el Escritor cae en un abismo sin fondo de desesperación, pensando para sí: «Después de que la Mano de lo Alto me regalara la pluma, nunca volví a ver la Mano. Dado que me eligió para ser su voz y dado que me confirió un instrumento milagroso, ¿no debería haber estado allí para mí siempre? De seguro debería cuidar de mí de forma muy especial para garantizar que nada malo le ocurra al creador de tan sublime e inmortal belleza. ¿Por qué la Mano de lo Alto me ha desamparado, junto con la pluma? Estoy completamente solo con esta terrible carga sobre mis hombros. ¿Cómo se supone que deba lidiar con la insoportable responsabilidad de que se me hayan confiado estas revelaciones de verdades profundas a las que todos los demás están ciegos?».

Sin embargo, acepta todo ese angustioso dolor como un don divino, pues sabe que solo a través del sufrimiento puro y sin diluir, sin manchar siquiera por una gota de esperanza, se puede revelar la estructura interna y subyacente de la realidad, y hacerse evidentes los tendones de la existencia.

El Escritor está tan absorto en su trabajo que no nota que la vida le pasa de largo... y luego la muerte también le pasa de largo.

No tiene tiempo para la vida ni tiene tiempo para la muerte. Ni la vida ni la muerte pudieron despertar su interés ni ponerle las manos encima, y así como él se ha olvidado por completo de la vida y de la muerte, la vida y la muerte se han olvidado por completo de él. De todos modos, el Escritor no puede morir ni vivir, pues la pluma sigue funcionando, sigue expulsando verdades eternas, preguntas inefables, belleza infinita, y por lo tanto debe seguir escribiendo, pues su compromiso con la pluma es mayor que sus compromisos con la vida y la muerte.

Transcurren años, décadas, siglos, milenios, miles de millones de años. El Sol se expande hasta convertirse en una gigante roja y luego colapsa en una enana blanca. Las estrellas son desgarradas por las fuerzas de la expansión del Universo y los propios protones se pudren en pedazos. El Cosmos empieza a apagarse, habiéndose disipado toda su energía y transformado en formas inútiles. Entonces, el tejido del espacio-tiempo se disuelve.

Aun así, el Escritor continúa escribiendo en su escritorio, que ahora flota en el vacío, separado del tiempo y del espacio. El Universo podrá haber cambiado y destruido a sí mismo, pero la Palabra aún existe inmutable. Y así, el Escritor sigue buscando esa única Palabra que sintetice y abarque toda la realidad dentro de su forma, significado y letras, así como dentro de su sonido, pues está seguro de que debe ser una palabra onomatopéyica. De vez en cuando, echa una mirada furtiva al mundo exterior, aunque allí ya no quede más que pura nada.

Con el tiempo, el Escritor olvida de qué es aquello cuyo significado está buscando. En su lugar, su búsqueda se enfoca en buscar el significado en y por sí mismo, un significado que ya no es el significado de algo, sino que es un significado puro e independiente de cualquier referente o contexto.

Pasa un lapso indefinible de tiempo, o tal vez un instante...

Habiendo resuelto las preguntas más profundas de la Vida y del Universo, el Escritor alcanza la serenidad, la satisfacción y la plenitud que siempre le habían sido esquivas. Sin embargo, una pregunta persistente, formulada por su propia existencia, sigue sin resolverse, sigue sujetando su mente con la fuerza de una tenaza. Él sigue siendo un enigma para sí mismo: el dilema de «¿Quién es él? ¿Por qué es él?» yace completamente prístino, como una cumbre intacta e inconquistable que no pudo ser escalada ni un solo tramo.

Y entonces algo lleva al Escritor a mirar de cerca, por primera vez, la pluma que le fue dada. La examina detenidamente y nota las letras azules descoloridas que forman las palabras MADE IN CHINA a un costado. Recuerdos lejanos vuelven a él en torrente: recuerdos de su madre comprando plumas en el supermercado local para el comienzo del año escolar; recuerdos de las paredes desnudas de su baño que distorsionaban su acústica, y de cómo le gustaba hablar consigo mismo allí y escuchar la voz delgada de un niño transformarse en la voz estentórea y de mando de un hombre. Recuerda estar de pie en el baño y escuchar mil millones de voces coreando su nombre, para luego darse la vuelta y ver a toda la humanidad en el espejo mirándolo, mientras su mano izquierda le pasaba la pluma a su mano derecha.

El Escritor comprende ahora que Él es el Creador. Habiendo abarcado ya el Universo con su mente, el Escritor se expande para abarcar el Universo con su cuerpo, de modo que el Universo y el Escritor se convierten en uno y el mismo: entidades idénticas que coinciden de manera precisa la una con la otra.

Con silenciosa satisfacción, el Escritor deposita lentamente la pluma y así es como el Universo (y esta historia) termina... no con una explosión ni con un gimoteo, sino con un .[1]

 

Nota del traductor:

[1] En el texto original en inglés australiano, el autor hace un juego de palabras final con la marca de puntuación «full stop» (que significa tanto «punto final» como «detención total»). Se mantiene la puntuación exacta elegida por el autor para preservar el remate visual.

Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

 

 

 

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