Salma Jilani
Soy un turista
interplanetario y puedo asegurar que todos los planetas que había visto hasta
ahora han sido monocromáticos. Por eso es agradable contemplar este planeta
verdeazulado brillando en el espacio. Los colores siempre me han fascinado; sin
vacilar, decidí descender para verlos con mis propios ojos, aunque mis colegas
me lo desaconsejaron.
—Ten cuidado, este lugar no es lo
que parece.
Pero de todos modos me puse
rápidamente mi manto de oxígeno, capaz de adaptarse al entorno. Gracias a él aprendo
al instante los idiomas y la forma de vida del lugar.
El manto se ajustó tan bien a mi
cuerpo invisible que ahora tenía exactamente el aspecto de un ser humano.
Admiré el color de mi piel y de mis ojos; podía ver todas las cosas sin
necesidad de gafas especiales. Ya estaba listo para aterrizar.
No obstante, mientras me aproximaba
a la Tierra, empecé a sentir algo extraño. ¿Qué era aquello? Toqué el manto,
que ahora se había convertido en piel. Basta con tocarme la frente para obtener
una respuesta inmediata a cualquier pregunta.
Son emociones humanas, fue
la respuesta. Cuando experimentan algo bueno, sienten felicidad.
De pronto, una pequeña criatura se
cruzó en mi camino.
—¿Qué es eso?
Es un gatito.
Unos niños humanos lo perseguían y
le arrojaban piedras. Aquello me pareció una barbaridad. Consulté la historia
de la humanidad para comprender la naturaleza de ese acto.
Así es como obtienen felicidad.
Pero el gatito no era feliz. Una
piedra lo alcanzó y cayó al suelo. Entonces comprendí. Ese no es un buen lugar
para quedarse. Recogí al gatito y lo irradié suavemente con mi equipo médico
invisible hasta que quedó completamente curado.
Estaba a punto de activar mi
sistema de defensa cuando alguien me atacó por la espalda. Eran dos humanos
delgados, de ojos color caqui, que intentaban dominarme con unos objetos
afilados que llevaban en las manos. Sentí un dolor punzante e intenso. Sin
necesidad de consultar a mi manto-piel, comprendí que aquello no era una buena
señal.
—¡Una mujer de una tribu enemiga! —gritaban—.
¡Esta noche vamos a celebrar! ¡Será muy divertido!
Toqué mi manto y conseguí escapar
en un instante. Cuando volví a detenerme, me encontraba en otra región de la
Tierra.
Mis sentidos alterados se serenaron
rápidamente al descubrirme rodeado de altos edificios de vivos colores. Los
humanos caminaban tranquilamente y reían entre ellos. Observé que su piel tenía
un brillo plateado y que sus ojos eran de un verde azulado, como el agua que
corría a su alrededor. Saltaban y nadaban como si fueran criaturas acuáticas. Mi
sistema de seguridad me advirtió que había peligro, pero no le presté atención.
Una agradable sensación me envolvía y avanzaba alegremente.
Entonces todos comenzaron a
mirarme. ¿Por qué? Tengo el mismo aspecto que ellos. Solo quería quedarme allí.
Me gustaban las flores rojas de los altos árboles verdes. De nuevo experimenté
una sensación extraña. Entré en estado de alarma. Consulté el espejo interno:
no había ninguna diferencia entre esos humanos y yo. Pero el manto me dio una
respuesta muy distinta.
Porque el lugar que visitaste
primero dejó marcas en ti.
Pero este es el mismo planeta.
Según mi investigación, todos los seres humanos pertenecen a la misma especie.
Su piel exterior puede ser diferente, pero por dentro son iguales.
Entre ellos existen otras
diferencias, respondió el manto. Hay algo en sus mentes que tú no puedes
comprender. Eres tan luminoso como ellos, pero no les agradarás, porque esa
marca ha quedado grabada en tu frente. Solo ellos pueden verla. Serás para
siempre un subhumano.
Salma Jilani es originaria de Karachi, Pakistán. En 2001 se trasladó con su
familia a Nueva Zelanda y terminó su segunda maestría en administración de
empresas en la Universidad de Auckland. Como un nuevo inmigrante trabajó en
varias organizaciones comunitarias voluntariamente para ganar algo de
experiencia local. Aunque fue un momento difícil pero que aprendió mucho del
ambiente multicultural diversos, que le ayudó a convertirse en una escritora
apasionada y maestra. Ha enseñado en diferentes institutos terciarios
internacionales. Escribe relatos cortos y poesía en urdu e inglés, los que han
sido publicados en reconocidas revistas literarias urdu. También tradujo a
poetas de todo el mundo. Considera que la literatura es el puente que une a
distintas culturas de un modo que los aproxima y elimina estereotipos.

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