viernes, 2 de octubre de 2026

UN BOSQUE

Alex S. Johnson

 

Un bosque. Tallos de sinfonía extruidos. Manzanas de caramelo con un aire de lascivia.

Me yergo ante los anchos hombros de la galaxia. Aún no me he desarrollado, pero temo el florecimiento perverso que onduló los cuerpos de mis hermanas. Nosotras nos convertiremos en nuestra madre. Seremos los pétalos suaves y criaremos lobos en nuestros vientres. Acecharemos. Y seremos acechadas mientras llevamos medias.

Los tigres agitados en el caldero aún no han despertado. Sus ojos oscuros, sus secretos latentes, son mis ojos, mi propio fuego latente. Mis desiertos. Mi yermo estéril. Mi copa rebosante entre los muslos. Mi clítoris en forma de medialuna de diamante.

Mis espacios oscuros, ecos moleculares a través de la pista de baile. La carga de los sueños, reflejos tamizados, espejos que sonríen ante la deriva de vilanos de diente de león hecha lágrimas fractales.

Soy una niña con vestidos rosas. Ya he usado tacones. He almacenado secretos en mi armario. Sueño con ventanas. Puertas. Hechizos. Oigo acercarse calíopes. Ventiscas de payasos y bufones. Inviernos que coronan el carnaval.

Aquí conviven todas las estaciones. Aquí, la lluvia viste al sol con trajes coloridos. Aquí hay gigantes. La escarcha azota las cavernas donde habitan las hadas. Aquí, las lágrimas no tienen oportunidad.

Visito a la abuela con mis lazos y mi andar saltarín. Sus labios están marchitos. Sus ojos, cerrados. Yo le he cerrado los ojos. Me despido. Beso sus labios fríos. Rezo mis oraciones.

La sensación térmica... se clava en mis células. Estoy desnuda ante los elementos. El sol de verano se enciende en mis entrañas. Estoy aquí para ustedes hoy, mis bellas criaturas del bosque.

El bosque sonríe; un dedo largo y cantante me hace señas. Sus muslos son arcoíris; su invitación, al banquete. Acepto el banquete. Acepto el mapa hacia las cavernas, respiro hondo, impregno mi piel con sus colores. Me he arrodillado ante el estante donde el viento tomó su primer aliento tras echar un vistazo a la Enciclopedia de los Sueños.

Todos los sueños convergen. Sus rodillas se elevan. Sus pechos se desploman. Sus pechos firmes, dorados, maduros como manzanas. Sus ojos, color espuma de mar, son espejos de los míos.

He probado los primeros frutos de la cosecha de la melancolía. Hinchan mis mejillas. Mis alas crecieron con un dolor tan dulce. Una consagración virginal; eco de doncellas bailando en el claro.

Estamos vestidas de estrellas y somos maravillosas; estrellas que se agitan bajo nuestra piel translúcida. Es seguro aquí, entre mis hermanas. Es el amanecer aquí, entre las arrugas rosadas y prominentes y los coágulos de sangre. Saboreo el hierro y escucho el rugido del carmesí. Me acerco a las primeras ramas que se ofrecen a mi alcance. Tomo la raíz con avidez, lamo la punta y la devoro entera. La savia: mantequilla dulce, sal. Otros matices más oscuros.

Mis hermanas se unen a mí en el festín. Devorando al servidor del bosque, de caderas caprinas. Él ha estado ante nosotras desde siempre. El guía. Somos su coro de hermanas pequeñas. Nos arrodillamos a su servicio. Al del Señor y la Dama. En el bosque, los animales –con ojos tan abiertos como el interior de su muslo izquierdo ante mi lengua– nos devoran mentalmente. Somos su alimento; ellos, el nuestro.

El invierno ha llegado a la mente de la Dama; ella se confunde. Su deriva es una deriva de copos infinitesimales; y entonces, de repente, surge una vena oscura, su tobillo, un espasmo. Un gemido. Las hermanas se han reunido con nosotras. Nuestros pechos jóvenes crecen bajo la sonrisa estrellada del Señor del Bosque. Él nos ve a través del prisma de nosotras mismas. Nuestros apetitos engendran más apetitos. No tememos a nada. Somos sabias. A los catorce. A los diecisiete. A los cuarenta. A los nueve. A los cero. Antes de nacer, nadábamos como peces. Antes de nacer, atrapábamos las corrientes térmicas. Antes de nacer, correteábamos por el bosque: comiendo, bebiendo, follando.

Éramos sabias. Éramos desconocidas. Nos brotó pelaje. Nos brotaron escamas. Nos brotó la desnudez. Estábamos vestidas de niebla. De caricias aterciopeladas... la lengua de la Dama nos exploraba.

El Señor del Bosque sonríe. Nosotras lo guiamos hacia nuestro interior. Él se siente como corteza sobre nuestra piel tersa y tierna, savia desbordante, almíbar pegajoso, explosiones de acritud.

Gotas herrumbrosas. El principio y el fin. Me ha crecido una cola. Aúllo. Perfección peluda. Me ahogo en el espejo infinito y resonante del arroyo. Me veo crecer entre los zarcillos, las raíces, las ramas, el musgo. Mis pechos brotan de la piedra. Me arrodillo ante su grieta y saboreo en mi lengua el gozo del diamante al licuarse. Saboreo imperios de manzana y putrefacción.

Me he cosido al bolsillo de la Dama y aguardo instrucciones.

Yazco en un lecho de setas. Mis hermanas hongos me atraen hacia sus mantos. Soy libre, ahora.

Apodado "el Baudelaire de nuestro tiempo" por el padrino del cyberpunk John Shirley (guionista principal de la película de culto de terror El Cuervo), Alex S. Johnson es autor de numerosas obras de ficción, ensayos y poesía, y su obra se encuentra archivada en la Biblioteca Widener de la Universidad de Harvard, que también alberga los Primeros Folios de William Shakespeare. Entre sus colaboradores se encuentran Sandy DeLuca, Jarboe, Pickles, Tricia Warden, Nicole H. Sixx, Juliet Cook, Michael A. Koby y Pat Cadigan. Ha sido entrevistado por R.U. Sirius, cofundador de la revista Mondo 2000, y por John Maggiore del programa de YouTube Maggiore on Bowie. Johnson vive en Carmichael, California, con su familia.

 

 

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