lunes, 26 de octubre de 2026

EL mePHONE

 Boris Glikman

Un día apareció en el mercado un nuevo tipo de teléfono que servía para llamarse a sí mismo. Todo lo que había que hacer era marcar un cierto número y uno se conectaba directamente con uno mismo. La calidad de la recepción era tan buena que la voz, al otro lado de la línea, sonaba como si viniera de la misma habitación.

Fue inevitable que al principio hubiera cierta aprensión sobre el uso de este teléfono, ya que nadie sabía muy bien qué tipo de inesperada respuesta recibiría cuando se llamara a sí mismo por primera vez. ¿Qué ocurriría si esa súbita llamada era considerada como una invasión impertinente e imperdonable de la privacidad? Con el tiempo, esos temores se atenuaron, ya que la mayoría descubrió que las llamadas eran recibidas con calidez y entusiasmo, y se tomaban como una agradable sorpresa.

La gente se apresuró a comprar este nuevo invento, que se comercializó bajo la marca "mePhone". Los proveedores no pudieron satisfacer la demanda y hubo escenas desagradables ya que los clientes se peleaban entre sí por el último mePhone disponible.

Para que el mePhone funcionara correctamente, se debían seguir ciertos procedimientos, tal como se establece en el Manual del Usuario. En primer lugar, la recepción solo era posible en determinadas zonas, para acceder a las cuales se requería el pago de una tarifa adicional. En segundo lugar, había un estricto límite de tiempo para hablar con uno mismo. Y en tercer lugar, al usar el mePhone, uno tenía que usar ropa especial, bastante incómoda, que se vendía por separado. Además, el costo de una llamada era escandalosamente alto, aunque algunas compañías telefónicas emprendedoras, con la esperanza de capitalizar la popularidad del mePhone, durante un cierto lapso solo cobraron una tarifa de llamada local.

El alto costo por usar un mePhone se debió en parte a las complejidades técnicas involucradas en establecer una conexión, ya que había muchos impostores que pretendían, por sus propias razones retorcidas y maliciosas, ser la voz de tu verdadero yo interior. Por lo tanto, se requería mucha experiencia especializada para conectarte con tu verdadero yo. Sin embargo, el mayor obstáculo técnico que había que superar era eludir la obtención de una señal de ocupado al llamarse a sí mismo, ya que si se llamaba a sí mismo, eso significaba que ya estaba al teléfono y, por lo tanto, tu línea debía estar ocupada ipso facto.

Así que fue un logro tecnológico asombroso que los magos creativos detrás del mePhone fueran capaces de superar de alguna manera esta paradoja aparentemente insoluble y permitir que la gente llegara a comunicarse consigo misma. El modo en que se logró esto siguió siendo, en realidad y por razones obvias, un secreto industrial muy bien guardado. Se especuló con que la clave estaba en la Teoría Cuántica de los Muchos Mundos, de modo que al utilizar el mePhone una persona se conectaba con sus egos alternativos en un universo paralelo.

Sin embargo, los altos costos y otros inconvenientes fueron más que compensados por los beneficios que se obtenían al poder tener una buena charla consigo mismo, ya que nadie tiene nunca tiempo para detenerse a dar una mirada franca y sincera a su vida. Todo el mundo gasta la existencia corriendo, preocupado por detalles intrascendentes de lo cotidiano, tratando de silenciar las persistentes preguntas acerca de si están o no contentos con su conducta y si estaban siendo fieles a su ser interior. Los usuarios del mePhone podían ponerse al día con todas las cosas en las que nunca antes habían tenido la oportunidad de pensar, para descubrir las noticias vitales que se les escapaban mientras avanzaban a toda velocidad por el camino de la supervivencia.

La conversación fluía con facilidad, ya que la gente se dio cuenta de que hablar con uno mismo era muy parecido a hablar con un viejo confidente al que no se había visto en mucho tiempo y con el que se podía hablar con franqueza de los asuntos más íntimos. Con frecuencia se derramaban lágrimas cuando las verdades que uno había estado escondiéndose de sí mismo durante muchos años eran reveladas y transmitidas en términos directos. Las conversaciones adquirieron un aspecto confesional, ya que los secretos y problemas más oscuros conocidos solo por uno mismo se divulgaban abiertamente a través de las líneas telefónicas. Muy a menudo, la gente se sorprendía al descubrir almacenadas en la  memoria las cosas que realmente sentía. Otras veces, la voz al otro lado de la línea te recordaba tus sueños largamente descuidados, los deseos y necesidades que habías suprimido durante demasiado tiempo. Muchos descubrieron que no eran realmente felices en sus lugares de trabajo. Algunos se dieron cuenta de que se habían desenamorado hacía mucho tiempo. Otros vieron por primera vez que se habían engañado a sí mismos y a los demás al creer que habían alcanzado la plenitud. Unos cuantos reconocieron que se habían sentido tan cómodos con la miseria y el desencanto que se encogieron de miedo cuando algo grato o satisfactorio parecía quedar al alcance de la mano. Así que poder tener una conversación profunda y significativa consigo mismo resultó ser una experiencia esclarecedora y catártica.

El mePhone se hizo tan popular que se convirtió en una obsesión para algunos usuarios que pasaban todo su tiempo escuchándose y hablando consigo mismos, al encontrar esto mucho más placentero y fascinante que conversar con otros. Por desgracia, para unos pocos desafortunados, no importa cuántas veces lo intentaran, no podían conectarse con sus mePhones; o bien nadie atendía el mePhone del otro lado o, si lo atendían, se cortaba tan pronto como uno se saludaba a sí mismo. En algunos casos, no se podía establecer una conexión debido a que la línea está caída o el número siempre estaba ocupado o desconectado.

El mundo se convirtió en un lugar mejor y más feliz gracias al mePhone, ya que la gente por fin empezó a ser fiel a sí misma, ya que sabía que no podía seguir mintiéndose. La forma en que había sido la vida antes de la aparición del mePhone era solo un recuerdo lejano y descolorido y ya nadie podía imaginarse sin él.

Boris Glikman es escritor, poeta y filósofo. Las mayores influencias en su escritura son los sueños, Kafka, Borges y Dalí. Sus historias, poemas y artículos de no ficción han sido editados en revistas electrónicas y publicaciones impresas. Boris ha aparecido varias veces en la radio, incluyendo la radio nacional australiana, interpretando sus poemas e historias y discutiendo el significado de su trabajo. Dice: "Escribir para mí es una actividad espiritual del más alto grado. La escritura me da el conducto a un mundo que es inalcanzable por cualquier otro medio, un mundo que está poblado por Verdades Eternas, Preguntas Inefables y Belleza Infinita. Es mi esperanza que estas historias mías permitan al lector echar un vistazo a este universo".

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL mePHONE