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sábado, 17 de octubre de 2026

LO PEOR ES QUE NI ASÍ TE HARÁS RICO

Rebecca Arcega

 

Nunca podré escribir como él. Ni siquiera viene a la oficina tan a menudo. Para describir su situación laboral se usan términos como «independiente» y «trabajo desde casa», y asegura que consigue la mayor parte de sus encargos por Internet y que eso lo mantiene ocupado. Pero casi nunca está en el chat y casi nunca responde los correos electrónicos, y cuando llamas a su casa casi siempre está «fuera», si se puede creer a su ama de llaves o a uno de sus dos hijos.

Entonces, de repente, necesitamos redactar un contrato. Necesitamos varios resúmenes. Necesitamos un esquema completo de la sección de preguntas frecuentes de un sitio web y que nos lo entreguen en dos días. Le dejamos mensajes desesperados en su teléfono fijo, en su correo electrónico, en su ventana de chat permanentemente inactiva… y menos de ocho horas después está delante de nosotros. Una especie de salvador de última hora, alto, larguirucho y aletargado, hecho de olor a café y a humo, con el pelo sin lavar desde hace una semana.

Se sienta ante uno de nuestros terminales. Se pone los enormes auriculares que hemos reservado especialmente para él. Después de unos cinco minutos de escuchar su selección de música, empieza a escribir. Sus ojos adquieren un brillo especial y ya es imposible hablar con él. Uno se pregunta si siquiera está vivo mientras escribe o si, en realidad, ese es el único momento en que le late el corazón.

Escribe con una furia que destruye teclados, de modo que, en las raras ocasiones en que nos visita, anotamos «reposición de teclado» entre nuestros gastos de emergencia incluso antes de que se vaya. También anotamos «café, cigarrillos», sin incluir su nombre, aunque sabemos perfectamente que todo es para él.

Es casi un pecado observarlo. Escribe como un ángel vengador, haciendo breves pausas a intervalos extraños que sumen toda la habitación en un silencio atormentado. Uno no conoce el silencio hasta que oye su teclado enmudecer.

Él nunca lo advierte. Permanece sentado, bebiendo café a grandes tragos y consumiendo cigarrillos a un ritmo maníaco, taza tras taza y paquete tras paquete, mientras sigue tecleando con una mano y sus ojos brillantes, inhumanos, permanecen clavados en la pantalla. Cuando la taza se vacía, se limita a murmurar: «Más café, por favor», y, de algún modo, quien está más cerca de la cafetera siempre lo oye y lo atiende. Su encendedor se cae una y otra vez del borde del escritorio y, de algún modo, siempre hay alguien que lo recoge. Nunca lo recoge él mismo.

Dos, cuatro o seis horas después, ha terminado. Se quita los auriculares, cierra los ojos y permanece sentado unos diez minutos, ignorando a todo el mundo, como si se estuviera recuperando de una enfermedad que hubiera estado a punto de matarlo. Luego abre los ojos y, con suavidad y amabilidad, empieza a conversar con nosotros.

Una vez le pregunté si escribir así le había causado dolor alguna vez. Respondió que se ganaba la vida trabajando a ese ritmo; que la gente lo llamaba porque podía redactar cualquier documento en poquísimo tiempo, por muy minucioso o delicado que fuera, y que, al terminar, apenas necesitaba correcciones, si es que necesitaba alguna. Su trabajo era limitar los daños. Era una ambulancia impulsada por cafeína y nicotina.

Lo único que nunca escribiría por dinero era poesía o ficción. Aunque, según bromeaba, nadie le había hecho todavía la oferta adecuada.

—Es muy parecido a escribir a punta de pistola —dijo, esta vez más en serio—. Te chupa la vida y, al final, lo único que consigues es seguir sin estar muerto.

Rebecca Arcega, también conocida como Bhex y M. R. R. Arcega, es una escritora filipina licenciada en Periodismo por la Universidad de Filipinas. Publica cuentos, poesía y ensayos en inglés y filipino, en medios nacionales e internacionales. En 2001 obtuvo el segundo premio Carlos Palanca por su guion Pagkatapos ng Paalam; su colección de cuentos Post-it Notes from Far Away fue reconocida en 2009 por el Consejo Nacional de Desarrollo del Libro de Filipinas.


 

HASTA LA MÁS AVANZADA JUVENTUD