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lunes, 2 de noviembre de 2026

BROTES

Patricia Gómez Abarzúa

 

Siempre fue calmo, silencioso, de gesto amable. Sencillo en su andar y su decir. Transmitía paz. Infinita paz. Lo miraba y mi alma se sosegaba con su sonrisa aprobadora. Me hacía sentir que estaba haciendo lo correcto.

Un día me pareció notar una lagrimita en su ojo derecho.

—¿Padre, se siente usted bien? —Me respondió con su sonrisa buena y me tranquilizó con un ademán. Seguí entre mis papeles, mis lecturas. Sin embargo, volví a mirarlo de reojo porque su lagrimita era de una tenue tonalidad verdosa. Me enfrasqué en mi lectura y traté de olvidar la cuestión.

Pasaron algunos días y nuevamente la mirada medio vidriosa de papá llamó mi atención. Ahora tenía lágrimas verdes en ambos ojos. Lágrimas alargadas que no parecían terminar de caer. Lucían como pequeños brotes. Me devolvió una mirada asombrada. Lo abracé y le di una palmadita disimulada sobre una de sus mejillas, pero la lágrima no se deslizó como yo esperaba. Le pregunté a mamá si no notaba nada raro en papá y atolondrada como siempre siguió en sus quehaceres restándole importancia a mi preocupación.

Al día siguiente presté más atención. El cabello de papá parecía más largo, como florecido en las puntas.

—¡Mamá! —dije—. ¡No puede ser que no notes nada raro en papá! ¡Se está transformando en una planta! ¡Hoy tiene brotes en sus cabellos y crecen muy rápido!

—Ay, chiquilla novelera —dijo mamá, apartándome de su camino—. ¡Brotes! —repetía sacudiendo el mantel del desayuno—. ¡Brotes!, chica tonta.

Mamá siempre estaba ocupada. No daban abasto con la nana. Se les hacía corto el día corriendo de un lado para otro. Pobre mamá. Seis hijos, un marido, dos mascotas. Como para reparar en los brotes de papá, pensaba yo, mientras trataba de meterme en la literatura de Shakespeare.

Sentía que solo yo notaba que papá estaba cada vez más florecido. Sonreía y aparecían nuevos brotes. Y así fue que, de buenas a primeras, una mañana vi a mamá regando los pies de papá que parecía haberse quedado estático en el rincón más luminoso del comedor. No, estático, no. Crecía. Le brotaban hojas, hermosas hojas verdes, grandes, perfumadas. Yo no sé mucho de plantas. Bah, casi nada, por lo tanto, no me animaría a decir en qué planta se ha convertido papá. Solo sé que la familia lo ha tomado con total naturalidad, cosa que aún hoy no entiendo. Pero bueno, allí está papá en su rincón, adornando la casa con sus verdes brotes observando todo lo que ocurre a su alrededor. Mamá lo riega mientras conversa con él sobre cosas cotidianas. De alguna manera papá le responde porque ella sonríe complacida y luego parte rauda a continuar con sus labores diarias.

Todos saludamos a papá solemnemente cada mañana y le comentamos sobre lo que tenemos que hacer en el día. En el momento que él sonríe un nuevo brote aparece. En cuanto alguno de mis hermanos le acerca un vasito con agua, él agradece con su sonrisa bonachona. Mamá pone el grito en el cielo.

—¡Chicos, no le den demasiada agua a papá que pronto va a salir por el techo y llamará la atención de los vecinos!

Patricia Gómez Abarzúa es una escritora y poeta chileno-argentina. Profesora de español e inglés.  Miembro de AEN, Asociación de Escritores Nicoleños. Integra el Taller Flores Diversas, Asociación Pacto por el Museo del Acuerdo, San Nicolás. Ha participado de Ciclos de lectura, presentación de publicaciones y Encuentro Federal de Poesía de la provincia de Buenos Aires. Ha publicado en Pasquines Literarios, videos del día del lector y del escritor. Escritora participante en Antología Federal de Minificción Monstruos y Flores, 2022. Forma parte de la Antología Digital de Microficciones en homenaje al nacimiento de Kafka de la editorial EOS Villa. Ha publicado poemas en Antología Poética, Poetas del Terruño de Neruda en Tierra de Borges Tomo VI, del Centro Chileno Bernardo O´Higgins y la Editorial Tres Más Uno. Integra la Antología Federal de Minificción de Monstruos y Flores, 40 años de democracia. En 2025 publicó su primer libro de poemas, Ocres.

 

LA ESPIRAL DE LA SONRISA