domingo, 1 de noviembre de 2026

DÍA COMÚN

Sarko Medina Hinojosa

 

No tiene tardanzas. Pero se les ha ocurrido a los de mi municipio cerrar el óvalo de la Sepúlveda y luego también una calle más por donde debo dejarlo para su colegio. Está grande, es de mi tamaño, me va a pasar, y aún conserva lo de agarrarme de la mano a veces, y ya no sé si para cuidarse de los carros o cuidarme a mí de pasar en rojo. El taxi está demorado, ir en bus hace cinco minutos era la posibilidad, el cálculo que hago es contundente: llegará tarde si el taxi no llega en dos minutos. Y está nervioso.

En las esquinas venden avena y jugo; mi prediabetes me prohíbe el último y le compro a él una para el recreo y a mí una avena para tomármela de camino al trabajo. Dieciocho años y contando, vamos que aún podemos llegar a jefatura, con uno más delante de mí en el escalafón, y coronar la vida con unos cinco años mandando en mi lugar con siete trabajadores debajo y poder descansar en algo las largas caminatas asegurándome de que los restaurantes cumplan la norma, de que los bares no vendan cosas prohibidas. Ya pasaron los dos minutos y está triste, sabe que su asistencia perfecta hoy se acabará.

Supe que era inteligente a los cinco años, cuando pudo escribir de corrido los nombres de las marcas de auto, y sí, palabras raras que quería aprender, ¿qué es eso?, es una giba o resalto, y pum, saltamos en el carro en el bache. Supe que yo era inteligente a los seis años, cuando contesté todas las preguntas del examen de ingreso al San Juan Bautista de La Salle, una sola pregunta me falló, la de saber qué era un topo. ¿Qué es un topo? Un animal que escarba y se come las verduras. ¿Qué es un topo? Alguien que se introduce en un trabajo para que te boten.

Mariana es un topo.

Ya está preocupado, y llega el taxi, subimos y le digo al taxista que vuele. Pero en la Mariscal nos atoramos, maldito alcalde que hizo mal el desvío, bendito el que en la Lambramani sí lo hizo bien, ¿de qué depende que unos hagan bien su trabajo? No lo sé. Yo hice todo bien, salí de la universidad y conseguí el trabajo en la municipalidad y avancé, me casé con mi novia, tuve a mi hijo, lo bauticé, lo llevé a Chapi, murió mi esposa y seguí cumpliendo igual, y me salió inteligente, hicimos un robot de reciclaje y nos vieron miles, y él cantó un poema loncco y hasta le publicaron un cuento en una antología. Yo solo sé escribir informes para cerrar locales que incumplen.

La nueva, es un decir, Mariana, que entró con la saliente administración, estuvo cuatro años ganando su sueldo sin trabajar, rotando por todos lados, hasta que, hace una semana, me han dicho que la van a nombrar, y en mi área. Imposible, unos pocos hemos logrado eso, a punta de caerle bien al alcalde, al teniente alcalde, al gerente de turno, a ser cumplido, a decirle sí claro yo hago eso, yo sé cómo, nadie sabrá nada, confíe en mí, los números saldrán bien. Administración, eso estudié, y ella secretariado. Y pronto nombrada, casi a mi nivel.

Está enojado, no quiere hablarme. Me demoré en la mañana: me quedé tres minutos sin reaccionar frente a la plancha, dos minutos se me pasó la matasca, cinco minutos más en la ducha, pensando en esa muchacha que ahora me arrebatará el lugar del ascenso, y aun así pensé en ella y dejé que mi cuerpo terminara de pensar en ella, en la piel que me dejó tocar. Todo eso acumuló la tardanza.

Llegamos al colegio y corre, consigue entrar a punta de empujar la reja, el portero lo deja, creo que lo conoce o no sé, pero llegó. Ahora voy yo, caminando, porque ya se me acabó el presupuesto para un taxi más, y llegaré cinco minutos tarde, porque aunque corra tendré que parar y recuperar la respiración y eso es lo mismo que caminar rápido, y sí, esos cinco minutos pueden ser la diferencia. Hoy estará el gerente saliente con los informes, ya se van todos en diciembre y ya se aumentaron los sueldos, tres meses en la gloria, y yo con mi solicitud de ascenso detenida por Mariana, que me dijo para ir una tarde a comer algo, y yo fui, porque hacía tiempo que nadie me preguntaba cómo me iba, y que en dos meses me sacó la información suficiente para hacer bien las cosas cuando cayó en mi área y se quedó sin rotarse. En la verdulería de la Corbacho la vi cobrar un cupo para que el local no figure en ningún informe, y callé tres semanas. Yo cavando mi propia tumba justo cuando mi hijo está en cuarto, y la casaca de promoción, y el retiro de confirmación, y los zapatos que le quedaron chicos, y el uniforme que la basta ya no disimula y que mi esposa habría arreglado en una tarde, y que ya usa perfume porque le gusta una chica de tercero, y que no me habla más en el desayuno mientras pienso en qué haré para su baile de promoción, las fotos, el viaje. Con un solo sueldo la pensión de La Salle cuadra justo; con el de jefatura sobraría.

Y llego al trabajo, exacto, ni un minuto tarde, marco y sí, vuelvo a revisar: nada de tardanza. La veo y me sonríe, lo siento, ya aprendí que un topo es un topo, mi informe de su cobro de cupo a la verdulería de la Corbacho entrará sin mayor tardanza ni complicación hoy.

Sarko Medina Hinojosa (Arequipa, Perú, 1978) es un destacado escritor, periodista y docente Especializado en la microliteratura y cuento. Ha desarrollado una narrativa lúdica que transita por la ficción, la crónica urbana y el humor. Como promotor cultural, dirige el espacio digital Cultura Viva y ejerce la docencia en la Universidad Católica San Pablo. Su obra abarca libros de relatos y microcuentos, y su labor periodística incluye su paso por diversos medios de comunicación del sur del Perú. Ha obtenido importantes reconocimientos, como el Premio Letras Arequipeñas.

 

 

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