Carmen Mariana Zaniciuc
Intento mirar cada
día de una manera diferente, aunque a veces yo siga siendo la misma. Podría
haber escrito más, porque escribir es mi pasión, pero algo me lo impidió.
Dediqué mucho tiempo a la poesía, pero me escondí tanto entre metáforas que
acabé perdiéndome en alguna parte. Quise estar con alguien a cualquier precio,
pero las expectativas eran demasiado altas. Empezó con un amor a primera vista
y, después de largos años de esperanzas vanas, terminó con un simple bloqueo.
También sé en qué me equivoqué. Podría haber sido otra. Podría haber amado a
otros hombres, pero él se me quedó grabado en la mente con todo lo que era:
mágico, sonriente, carismático. Yo estaba encerrada en mí misma; podría haberle
sonreído, pero algo me lo impedía. Sentía que nunca podría llegar adonde él
estaba. Sobre un pedestal. Siempre me pregunté si era más hermoso conquistar o
ser conquistada. Pero no se trataba solo de eso, sino de reciprocidad. Que
ambos corazones latieran al unísono, compartir los mismos pensamientos y el mismo
placer. Si pudiera volver atrás, habría dejado de insistir mucho antes. Pero no
todo estuvo perdido: aprendí una lección de vida, comprendí que debía ser
femenina, esperar a que él diera el primer paso y, si no lo hacía, no
desesperarme, dejarlo ser feliz con quien quisiera y después olvidar, poco a
poco, aunque ya no encuentre a nadie que esté a la altura de las exigencias que
yo misma me impuse.
Son solo pensamientos efímeros.
Todos tenemos un ídolo, un sueño por cumplir; lo importante es no rendirse,
pero saber cuándo detenerse. De lo contrario, alguien más te detendrá y será
más difícil.
Si dices cómo quieres ser, tal vez
llegues a serlo, pero puedes pasar de largo junto a tu sueño simplemente porque
seguiste adelante y no te detuviste a su lado. Debes confiar en ti y en tu
destino, porque, por muy sola que estés, siempre habrá una pequeña puerta por
donde pueda entrar el amor verdadero, puro, ese que nunca termina.
No sé cómo se llega a ser experto
en el amor; cada uno tiene su propia capacidad de percibirlo, en el sentido de
que existen muchas clases de amor.
Hace falta tiempo para que Dios nos
construya otros caminos por el universo. Pero me pregunto para qué necesitamos
tanto espacio si también nos gusta la cercanía. Es como cuando llueve y te
gusta la lluvia y quieres sentirla sobre la piel. Quieres estar sola, pero al
mismo tiempo estar con alguien a quien amar. Sin embargo, te cuesta
encontrarlo. Que no sepas amar no significa que no puedas hacerlo. El amor debe
ser natural, como dos corazones que laten al unísono. Quisiera estar alegre,
dejar de fruncir el ceño, soñar siempre, pero con los pies en la tierra, dejar
de buscar en la nada el amor prometido.
—¡Que te hundas en el infierno!
—¿Por qué?
—¿Crees que te amo?
—No…
—Entonces, ¿por qué sigues
insistiendo?
—Tengo una esperanza…
—¿Y no ves adónde te ha llevado esa
esperanza? ¡Basta!
—Está bien. Gracias…
—¿Por qué?
—¡Porque sé que existes!
Un día se murió mi cobayo y yo no
lo aceptaba. Lo llevé muerto de Bucarest a Curtea de Argeș y allí le hice una
ceremonia ficticia. Lo cuento porque es difícil aceptar las cosas y hay que
aceptar lo sucedido, pero depositar más esperanzas en lo que vendrá.
¿Por qué ya no salvo a las
personas? Porque una vez alguien me dijo que yo no había salvado a nadie. Y no
me había detenido a pensarlo: quería seguir el ritmo, superar obstáculos, y
renuncié cuando me encontré sola y sintiéndome como una especie de broma.
Ahora lo que me importa es el amor,
que es difícil de encontrar.
Carmen Mariana Zaniciuc nació el 16
de julio de 1987 en Curtea de Argeș, Rumania. Cursó la secundaria en el Colegio
Nacional „Vlaicu Vodă” de su ciudad natal, graduándose en 2006. Posteriormente,
estudió Comunicación y Relaciones Públicas en la Facultad de Letras de la
Universidad de Bucarest, sin finalizar la carrera. En 2012 se graduó en la
Facultad de Medicina de la Universidad de Medicina y Farmacia „Carol Davila”, y
en 2016 en la Facultad IMST de la Universidad Politécnica de Bucarest
(Ingeniería y Seguridad Industrial). Se desempeñó como médica residente en
medicina del trabajo en su país, pero actualmente reside en Roma. Ha publicado
en diversas revistas literarias y antologías. Su debut poético llegó en 2013
con el volumen Lumina ascunsă. Al año siguiente publicó poesía (Un
pitic nebun după tine), literatura infantil (Iubesc pufos cu inimioară,
Visul de Guineea) y la novela Legiunea sufletului vol. I. En 2015
inició el proyecto Revista piticilor mondeni y continuó su obra
infantil.; en 2019 publicó la novela Scriitorule, eu chiar te iubesc! y
tres poemarios bajo el título Sel Fie Fly.

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