Georges Bormand
Gan Edén, el Jardín de Edén, existe. Lo sé, ahora. Tiene un sitio web también. Lo he encontrado, he visto sus imágenes, más claras, más detalladas de lo que jamás había imaginado que se pudiera tener en la web. He hablado con sus habitantes. Ahora busco el camino para ir allí.
Empezó como un juego: había escrito la palabra
Gan Edén en el browser, y leí las respuestas. Observé un enlace curioso, www.ganeden.org y decidí probarlo. Cargar la página de entrada fue muy lento, aún si tenía
solamente una imagen de floras y una frase: Gan Edén acepta su ingre.
¿Continuar? Contesté “sí”.
La imagen parecía ensancharse y vi árboles gigantes,
rodeados de flores maravillosas. Varios animales paseaban por todas partes, las
fieras entre los herbívoros, aunque nunca vi que una fiera atacara a un
herbívoro. Algunos hombres paseaban entre los animales, sin prestarles ninguna
atención, como si todos fueran animales domésticos. No vi ningún animal que
pareciera herido, o enfermo; ni hombre o hembra que no fuera hermoso. El Jardín
del Edén tal como sería si Adán no hubiera pecado. No lo podía creer.
¿Cuánta memoria sería necesaria para una imagen tan
precisa? Más de lo que mi computador y mi modem pueden manejar. Sin embargo,
era más definida que un filme en la televisión. Y pude desplazarla, acercarme a
los detalles que quería observar, alejarme para ver el paisaje completo. De
hecho, pude alejarme tanto como quería; el jardín parecía infinito. Y llano,
sin horizonte, sin curvatura. No era otro planeta, era otro universo.
De repente, apareció un mensaje en la pantalla:
Alguien quiere hablar contigo. ¿Aceptas?
Contesté “sí”.
Una mujer muy bella apareció en la pantalla y oí su
voz, alta y clara, lo que no era posible porque los altoparlantes de mi
computador estaban arruinados. Me dijo:
—Bienvenido al Gan Edén; no sé cómo has obtenido el
acceso, pero si el Señor te lo ha permitido, debes ser hombre justo.
¿Un hombre justo? Si jamás voy en la iglesia, nunca
rezo, y cometí tantos pecados que no puedo contarlos… ¿Es posible que el Señor
se estuviera equivocando? Estaba asombrado, no podía creer lo que oía, no podía
entenderlo. Contesté:
—Si lo dices, debe ser verdad. Pero no soy
consciente de esto. ¿Quién eres? ¿Hay servicio de recepción en el Gan Edén?
—No, no es necesario. No tenemos muchas visitas. Me
sorprendí al descubrir que había un visitante, y quise conocerte.
No sé cuánto tiempo hablamos, tal vez horas, si no
equivoco, aun cuando mi reloj no lo confirmaba.
Al final, le pedí:
—¿Cómo puedo reunirme contigo? ¿Debo fallecer?
¿Seguro que no debo suicidarme?
—No, no, debes llegar vivo. Pero no puedo indicarte
el camino. Debes encontrarlo por ti mismo. Espero que suceda pronto. Te espero.
De repente, la conexión se interrumpió; la pantalla
presentaba esta leyenda: “Conexión interrumpida desde el otro lado”. Intenté
reanudar la conexión, pero siempre obtuve la respuesta: “Este sitio no existe”.
Busco el camino que mi querida, porque ya es mi querida, me ha dicho que debo encontrar. Y ya no lo busco solo en el computador; lo busco en los libros, en las iglesias, en todas partes. Porque me ha dicho claramente: no debes esperar la muerte, debes llegar vivo. ¿Cómo? Ya lo encontraré.
Georges Bormand nació el 19 de agosto 1950 en París, Francia. Estudió matemáticas y se graduó en 1974. Ha enseñado matemáticas en escuelas secundarias desde entonces hasta su jubilación en 2015. Ha empezado a escribir cuando tenía tiempo libre porque su trabajo era corregir ejercicios de enseñanza a distancia en el CNED. Se casó en 1974 y se divorció en 2001, por lo que ahora permanece soltero. Ha empezado a participar en el fandom de ciencia ficción en 1998, concurriendo a convenciones y festivales desde 2001, y a escribir en el fanzine Présences d'esprits. Ahora también escribe en Phenix (webzine) y Galaxies (revista). Tradujo cuentos del inglés y del castellano e intenta mejorar su escritura en ambos idiomas para también poder traducir desde el francés y difundir las ficciones que producen los escritores franceses.

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