viernes, 23 de octubre de 2026

EL TRIATLÓN

Daniel Antokoletz

 

El capitán Rodolfo Bloom, corre como nunca lo ha hecho. No pierde el tiempo mirando hacia atrás. Lo siguen de cerca, pero es fuerte y rápido. De todas formas la velocidad importa poco, necesita la resistencia. Ha entrenado, y vaya si lo hizo. Para él ganar la medalla olímpica como maratonista, escalar el Chimborazo al trote, o ganar cinco veces el Downhill de ciclismo, sólo ha sido parte del entrenamiento. Toda su vida se preparó para éste momento. Juan Libet le arroja una piedra para detenerlo, pero falla por varios metros. En esta carrera está todo permitido, pero él no piensa hacer nada contra los demás.

Mira alternativamente su próxima meta, enfocado a donde tiene que llegar, y el piso, para evitar las piedras. Sus pasos largos parecen saltos. Ya puede ver el tajo del canal dibujándose sobre el polvo rojizo. Siente cómo le queman los pulmones por la falta de aire. Se esfuerza.

Clava una estaca en la tierra y desciende haciendo rapel por el acantilado al borde de la meseta de Tharsis. Llegó antes que la legendaria tormenta roja, y eso es bueno. Con el polvo tapándole la vista, seguro se desbarrancaría. Se descuelga y baja los primeros quinientos metros como si descendiera en cámara lenta. Se cubre bajando lo más pegado posible a la pared cuando unas rocas caen a su alrededor. A pocos metros se desenrolla la cuerda de uno de sus contrincantes. Apenas llega al primer descanso, a más de un kilómetro del fondo, el cielo se oscurece por las nubes de polvo que pasan por encima de ellos. Mira hacia arriba y ve la sombra de Goletb, moviendo diestramente sus piernas, y deslizándose hacia él. Su propia cuerda da un cimbronazo y otro de los competidores está usando su cuerda para bajar. Debe apurarse hay varios que también son rápidos y fuertes y no quiere pelear contra ellos. Tropieza con una roca y baja varios metros deslizándose sobre su trasero. Verifica que no se le haya roto el traje y continúa con su bajada.

Verifica el manómetro de su botellón. Le alcanzará. Observa las banderillas rojas que lo guían al sendero para poder bajar a la depresión de manera relativamente segura. Asumiendo el riesgo, baja a un trote rápido por un camino que, cada vez, se hace más escabroso. Al voltear en un recodo, imponente, el monte Olimpo se eleva recortándose tras una niebla de polvo rojizo que no permite ver la cumbre del monstruo.

Llega a la dantesca aureola, y monta en su bicicleta. Sus poderosas piernas terrestres la empujan alejándolo de su contrincante, y acercándolo a la base del volcán. Tiene que ganar la mayor cantidad de terreno posible. Su fuerte es la carrera y el ciclismo. Escalando está en desventaja. Si bien sabe que posee el doble de fuerza que los demás, no conoce tan bien el terreno como los locales.

La base del viejo volcán se confunde con el terreno. Sube con la bicicleta mientras el terreno se lo permite. Luego de varios kilómetros abandona su vehículo, y comienza la ascensión del monte más alto del sistema solar. Se esfuerza. Escala, cruza cañones de una profundidad inconmensurable y aprovecha la fuerza de sus músculos moldeados en la gravedad terrestre para cruzar de un salto algunas grietas. Cada vez le cuesta más. Debe prestar atención para no toparse con las bestias locales. Es una ascensión de veintidós kilómetros. Ve cómo Goletb tropieza. Le cae bien. Decide ayudarlo cuando ve que una especie de planta envuelve sus cuatro finas patas, y lo arrastra hacia la grieta. Ve el terror en la cara del marciano manoteando para arrancar las móviles ramas. Sólo logra quedar más atrapado. Rodolfo continúa su camino. Sabe que no puede hacer nada.

Sigue ascendiendo. Llega a un pequeño saliente de roca que le permite descansar unos momentos. Al sentarse observa unos pequeños hilos que cruzan la roca de punta a punta. Arroja una roca sobre ellos; y una planta, similar a la que se llevó a Goletb, envuelve la piedra pulverizándola. Asustado, esquiva esa temible trampa, y continúa trepando. Su cuerpo le reclama descanso.

A una decena de metros de la cumbre; Yamungia, de Titán, se le acerca peligrosamente. Rodolfo, ya agotado, y con varias fugas en su traje, con los músculos de sus piernas ardiendo de dolor, salta hacia adelante buscando achicar espacio entre él y la gloria.

Con su último aliento, llega al borde de la caldera del volcán. Observa a su alrededor y lo único que puede ver es la ladera del volcán que se extiende hasta el horizonte. Clava la bandera con una hermosa imagen de la Tierra. Los ancianos del consejo del pueblo lo esperaban:

—Bienaventurado Rodolfo Bloom, de la Tierra. Has llegado primero en el triatlón ceremonial —dice el más viejo del grupo.

—Gracias venerable. Es un honor ser el primer terráqueo en vencer en el triatlón marciano. Es, sin duda, un deporte que será popular en mi planeta.

—¿Deporte? ¿Creíste que esto es un deporte? —Rodolfo mira desconcertado a los ancianos del consejo—. No es un deporte —dice otro de los ancianos moviendo nerviosamente las cuatro patas—. Es una selección —termina diciendo mientras arrojan a Bloom a la caldera apagada del volcán—. Elegimos al mejor para sacrificarlo a los dioses.


Daniel Antokoletz Huerta (Buenos Aires, 1964), es un ingeniero y escritor argentino, dedicado a la investigación científica y tecnológica, ámbitos que conviven con su pasión por la narrativa. Su formación rigurosa en ingeniería se refleja en la precisión de su estilo, mientras que su mirada literaria explora los límites entre lo real y lo imaginario. Ha sido distinguido con premios literarios nacionales e internacionales, reconocimientos a una obra que combina reflexión con atmósferas intensas. En el terreno editorial, publicó dos libros de cuentos con la editorial Bookaholic: 14 cuentos de terror, vida y muerte y Momentos de terror. Su escritura se caracteriza por un lenguaje claro y evocador, capaz de transformar la experiencia cotidiana en materia narrativa. Ha sido traducido a varios idiomas.Publicó en antologías como Grageas 2 y 3, Espacio austral, Latinoamérica en breve, Minimalismos, Extremos y en Metagalaktika, antología de cuentos argentinos en húngaro.

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