sábado, 24 de octubre de 2026

EL SILENCIO

Alejandro Aguilar R.

 

Dice Gaedi, voz de la selva:

 

¡Ay destino del hombre! ¿Qué pasaría con tu mente si volvieras a la selva? Allá donde impera el silencio, donde florece el silencio, donde habita el silencio. ¿Que cuál silencio si todo es ruido, me preguntas? Hombre, no confundas la voz de los insectos o el canto de las aves del entorno con el ruido, tu ruido, palabra estridente, porque en realidad toda voz de la selva sigue siendo parte del silencio, porque silencio no es ausencia sonora, sino el manto y fuente de Dios, su existencia. Y no confundas a Dios con religión, aunque religar tu corazón con la creación sea un noble acto, rito tan fácilmente pervertible, porque Dios es el vientre del que brotas, es el seno que alimenta y los brazos que se extienden en todo lo que nos rodea, de principio a fin, de lo visible e invisible. Dime hombre moderno, ¿qué harías en la selva si aquí volvieras? ¿Te pudieras imaginar el despertar de la conciencia de tu hombre-ancestro en la jungla llena de energía? Y allí donde corre energía, bien sabes, existe tanto la fuerza que depreda como la fuerza que es presa, un peligroso juego de cacería entre la vida y la muerte, por lo que sin duda pensarías natural decir: ¡ah sí, por eso es mejor que usemos la razón! ¡Es mejor que evitemos el frío y el calor, hay que construir casas, calles, trabajos! ¡Hombre moderno, desde el momento de tu despertar comenzó el tránsito de tu ancestralidad a la modernidad, en ese afán de protegerte de los elementos y donde irremediablemente quedaste aislado en un mundo construido solo para ti, lleno de rutinas y pesares! ¡Ah, pero seguro me dirás en tu defensa: pero el jaguar también sigue su rutina, el oso sigue sus ciclos y el salmón regresa cada año puntual aguas arriba! ¿Por qué yo no podría vivir a mi manera? Y tendrías razón pero no sentido, hombre moderno, porque entre la selva y tú existe una enorme diferencia: nosotros no nos anclamos, habitamos el bosque o la selva o el mar o los ríos, en un estado de fluidez. Tú te amarras al muelle para no extraviar tu barca con la marea, tú trazas en mapas los escollos que emergen de la mar para evitarlos, porque verdad es que son peligrosos para navegar, pero ¿cuándo has visto que una foca se estrelle contra el archipiélago? ¿Cuándo has visto al león aventarse al volcán como aquel filósofo vanidoso? ¿Cuándo has visto el pez vela, aventurarse en la playa o al oso querer ser salmón? ¿Por qué el escollo o la noche se volvieron peligrosos para ti pero no lo son para los peces o los monos? Ninguno de tus hermanos animales regala su vida, es cierto, pero tampoco ninguno la condiciona. Tu despertar en el mundo se volvió ansiedad y de la ansiedad nació tu orden, tu vigilia, tu destreza material, pero también tu violencia orientada hacia el exterior. Y asustado te juraste: ¡yo seré el cazador! Y desde entonces te dedicas a moldear el mundo con tu hacha y tu arco, a subyugarlo y subyugarte y luego extrañado en tu modernidad dices: ¡ay pero por qué me siento tan mal! ¿Por qué hay tanta maldad en el mundo? Acércate otra vez a la jungla para conocer la verdad y ahí cuando el silencio apacigüe tus ansias, cuando el silencio enfríe tu mente y aprendas que tu intelecto no es tan diferente a tus pies, que tu cabeza puede descansar y quedarse quieta, allí es donde encontrarás la verdad. ¿Que qué es la verdad, preguntas desasosegado? Y la selva te dirá: nada, lo que es y ya. La verdad no tiene no tiene color, no tiene forma, ni tiene sabor, ni tiene nombre, pero la puedes sentir, te puedes bañar en ella, te puedes nutrir de ella y sin darte cuenta un día cuando mueras volverás a ella. Hombre moderno, cazador de infortunios, si te lo propusieras, podrías encontrar en tu propio ecosistema, la verdad misma que circula aquí afuera, porque estás hecho de la misma verdad de la que emana el mundo y quizás, regresando aquí a la jungla, podrías recordarlo. 

Alejandro Aguilar R., nacido en 1991, es ingeniero civil dedicado al desarrollo inmobiliario. Ávido lector desde su juventud, pasea y sube montañas como ejercicio espiritual desde 2021 y en 2024 concluye un diplomado virtual en escritura por Literaria: Centro Mexicano de Escritores (México).

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