lunes, 19 de octubre de 2026

PAS DE DEUX

Anatoly Belilovsky

 

Lunes:

El aire del estrecho pasillo se volvía más sofocante a medida que pasaban los segundos. El sudor perlaba la frente de Kevin y le manchaba la espalda de la camisa. Valerie estaba apoyada contra la pared, apartada de él.

—No funciona —susurró él—. ¿Estás segura de que es la puerta correcta?

Valerie se agachó.

—Levanta la mano y toca la placa —susurró—. Palpa las letras. ¿Cuáles son?

Él levantó la mano, tanteó la puerta y se detuvo.

—Mmm, bien, parece una C, una O, después algo… y luego otra O…

—Demoliciones Connors, tal como estaba anunciado —susurró ella—. Ahora vuelve al trabajo. Recuerda lo que te dije. Con calma y sin forzar. Un perno por vez. ¿Puedes distinguir cuáles ceden como si tuvieran un resorte?

—Creo que sí —susurró Kevin.

—¿Y los clics cuando quedan en su sitio?

—Sí. ¡Sí, aquí hay uno!

—Lo estás haciendo bien. Mantén una tensión constante con la ganzúa, no intentes forzarla —susurró ella.

Unos pasos resonaron por el edificio.

—Mierda —susurró Kevin—. ¿Es un guardia?

—Yo me encargo de él —susurró Valerie—. Tú concéntrate en esa cerradura. Cuando se abra…

—Los detonadores están en la caja de puros, en el cajón superior derecho del escritorio —susurró Kevin—. Lo recuerdo.

Ella lo oyó tragar saliva y despegar los labios resecos.

—¿Qué… qué vas a hacer con él?

—¿Con el guardia? —preguntó ella—. ¿Por qué quieres saberlo?

—Bueno… —Él hizo una pausa y enderezó la espalda—. Mmm…

—Querías dar un golpe en defensa de la Madre Gaia, ¿no?

—Mmm… ¿sí? —susurró él, mirando por encima de la cabeza de Valerie.

—¿Te estás arrepintiendo?

—Mmm… ¿no? —respondió él, con voz temblorosa.

Ella se incorporó, hizo una pirueta silenciosa y avanzó de puntillas por el pasillo hacia el escritorio del guardia. A Larry le tocaba el turno de noche; siempre se podía contar con que su próstata lo mandara al baño cada media hora, con precisión de reloj. Eso, y un cigarrillo a los cuartos y a las menos cuarto.

Casi podía saborear el humo del cigarrillo de Larry mientras se acercaba a él. Nunca había sido un problema pedirle uno.

 

Martes:

A Kevin le temblaba la mano mientras vertía ácido nítrico en el recipiente de vidrio. La mezcla borboteaba y desprendía una neblina anaranjada.

—¿Estás segura de que esto es seguro? —preguntó, con la voz amortiguada por la mascarilla.

—Eso espero —respondió Valerie.

Kevin retiró la mano.

—¿Cómo que eso esperas?

Se volvió hacia Valerie, con la expresión oculta tras las gafas protectoras.

—Espero que hayas lavado bien todo ese material de vidrio —dijo ella—. El TNT es un gatito si está puro. Si dejaste algo de suciedad, tendremos bolsas de dinitrotolueno sin reaccionar, y esa cosa explota con solo mirarla mal.

Kevin respiró hondo y siguió vertiendo.

—¿Dónde aprendiste todo eso?

—En el curso preparatorio para medicina —respondió ella, y se volvió para ocultar una sonrisa.

 

Miércoles:

—¿Cuánto falta? —preguntó Kevin, jadeando.

—Tres kilómetros —respondió Valerie—. Y quítate esa cara de estar muerto de miedo. Si alguien nos ve, somos excursionistas.

—Con suficientes explosivos para volar un pueblo pequeño —dijo Kevin.

—Te acordaste de guardar los detonadores en los bolsillos, ¿verdad? —preguntó Valerie.

—Sí.

—¿Seguro? Porque, si te caes y se activan dentro de una mochila llena de TNT…

—Estoy seguro —siseó Kevin entre dientes.

 

Jueves:

—Podríamos haberlo hecho ayer —dijo Kevin.

Pegó una masa semejante a la masilla en una viga y se metió la mano en el bolsillo.

—¡ALTO! —bramó Valerie—. ¿Qué te dije? Primero coloca todas las cargas; después vuelve y conecta todos los detonadores. Estás cometiendo errores, y eso que dormiste bien anoche. Si yo también estuviera cansada, podría pasar alguno por alto. Ahora toma otra carga de TNT y ponla… —Señaló una unión de vigas más arriba—. Allí.

—Mierda —dijo Kevin—. ¿Tengo que trepar hasta ahí?

—Tienes que trepar hasta ahí —respondió Valerie.

Él se izó, buscando con los pies un saliente donde apoyarse.

—¿Lo hacemos estallar esta noche?

—Mañana por la mañana —respondió ella.

—Estaríamos más calientes si compartiéramos un saco de dormir —dijo él.

Ella suspiró. Nunca fallaba. Tarde o temprano, todos acababan proponiéndoselo.

—No voy a dormir —dijo—. Tengo que revisar una vez más la colocación.

Y esta vez usar explosivo plástico de verdad, con detonadores de verdad, añadió para sus adentros.

Él suspiró y siguió trepando.

 

Viernes:

—¿Ahora? —preguntó Kevin.

Valerie asintió. Kevin presionó el émbolo.

El destello pareció demasiado pequeño, al igual que la nube que se elevó en silencio desde la base de la torre de transmisión. Kevin torció el gesto.

—Eso… —empezó a decir.

Entonces los alcanzó el muro de sonido: una avalancha palpable de estruendo y truenos que expulsó el aire del pecho de Kevin y le cubrió la cara de terrones. Él se puso de pie de un salto, se arrancó las gafas protectoras y escupió la tierra que le llenaba la boca. A lo lejos, la torre se inclinó lentamente; después cobró velocidad y cayó, levantando otra nube de polvo al golpear el suelo.

—¡Eso es! —gritó Kevin, y se puso a bailar torpemente—. ¡Tomen eso, cerdos imperialistas, contaminadores de mierda! ¡Un golpe en defensa de una Tierra verde!

Valerie aplaudió con toda la sinceridad que pudo reunir.

 

Sábado:

En su bandeja de entrada había un correo de Connors: «¡Buen trabajo! No sé cómo consigues ofrecer precios tan bajos, pero desde luego no es por hacer las cosas a medias. Tengo otro trabajo el mes próximo: Williston Electric acaba de terminar su parque eólico y necesita que derriben la vieja chimenea. Espero que presentes una oferta».

 

Domingo:

Sonó el teléfono. Ella atendió.

—Hola —dijo la voz al otro lado—. Soy Kevin.

—Kevin, escucha —dijo ella—. Te pedí que no llamaras…

—Solo quería darte las gracias —dijo él.

—¿Crees que valió lo que pagaste? —preguntó ella.

—¿Estás bromeando? —respondió él—. No veo la hora de contárselo mañana a mis compañeros de trabajo. ¡Las mejores vacaciones de mi vida!

Anatoly Belilovsky nació en, Leópolis, actualmente Ucrania, y aprendió inglés con las revistas de Star Trek. Ingresó en una universidad estadounidense enseñando ruso mientras se especializaba en química, y ha sido pediatra en Nueva York durante los últimos 25 años, en una consulta donde el inglés es el cuarto idioma más hablado. Hasta la fecha, ha publicado historias de ciencia ficción en Andromeda Spaceways, Ideomancer, Steampunk Immersion Book, entre otros medios especializados.

 

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